domingo, 22 de marzo de 2015

Ascendiendo el Tourmalet

Tras 21 partidos jugados, Osasuna ha consumido su primera vuelta en Segunda División. Osasuna ha vuelto a degustar la categoría de plata tras no hacerlo desde el 4 de junio del año 2000. Aquel día en el que Cruchaga, Yanguas, Mateo, Orbaiz, Alfredo, Iván Rosado y Trzeciak, entre otros, nos llevaron en volandas a Primera División.

Todo estaba listo tras una dura y renqueante preparación para la meta de salida. Sin entrenador, sin patrocinadores, sin miembros en el equipo, sin liquidez, sin maillots... Sin embargo, los aficionados rojillos estaban ansiosos esperando el "Preparados, listos, ya!!!" para que la carrera comenzara. Fue Arcediano Monescillo, el encargado de dar el pistoletazo de salida; y en dos sprints a pie de montaña, dos demarrajes de Nino y un adelantamiento rocambolesco de Miguel de las Cuevas en sintonía del "somos pocos pero buenos" daban los primeros cuatro puntos al equipo rojillo en la clasificación general.

¡Qué pena que la carrera fue ganando altura! Las etapas mansas, llanas y sin baches habían llegado a su fin. Empezaron los sprints lejanos, en cuesta y a contrapié. El equipo rojillo intentó acelerar por la derecha buscando una reacción a su espalda pero se topó con que tomó el camino equivocado. Osasuna dejó demasiados rebufos que los rivales supieron aprovechar, renunció a sus señas de identidad, abandonó el pundonor, y se esclavizó a lo largo de un puerto interminable y empinado. Se ahogó sin querer en el juego "bonito" de toque desechando el juego rápido por carretera. Se empecinó en seguir sufriendo pedaleando sin criterio. Cometió "racingadas", "ponferradas" ó "alcorconazos" que le llevaron a perder el norte, el carácter, la concentración, la colocación y la falta de ideas. Ni el aguador, ese hombre encargado de bajar a la cola del pelotón con el fin de encontrar agua y alimentos, estaba presente. Estábamos tocados y hundidos en la etapa más complicada.

Con el transcurso de "la vuelta balompédica", el equipo rojillo empezó a divisar tímidamente el sol en el horizonte y comenzó a bajar el puerto topándose con un río que sonaba, pues agua llevaba, y las ideas empezaban a cristalizarse y aclararse. De repente, el sol desapareció, las nubes cubrieron el cielo y el diluvió cayó, pero ahí estaban los miles y miles de aficionados rojillos "chirriándose" por Osasuna. ¿Algo a cambio? Unas blusas sin marcas de barro y una afición con marcas de dolor que reivindicaban pundonor. Eso sí, ¡gracias Anduva por todo lo que nos diste!

Como muchos dicen, tras la tempestad llega la calma, y así fue. Una nueva etapa se forjaba, y un Osasuna entregado, batallador y guerrero empezó a hilvanar buenas actuaciones, y lo más importante, rodó a ritmo colectivo, controló la velocidad sobre todo en los repechos y de esta manera se construyó una base que arrolló y neutralizó a los vallisoletanos, canarios, madrileños, y en menor medida a los onubenses y arlequinados.

Señores rojillos, con ruedas nuevas y tintes de frescura protagonizados por los lanzadores Merino, Olavide y David, la inteligencia en la conducción del gregario Nino; y el guardabarros bien soldado de Santamaría, invitan a la ilusión y a creer en la remontada. ¿Conseguiremos clavar nuestra bandera roja y azul en la cima del Tourmalet? ¡A por ellos! 

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