Los rojillos subieron los escasos peldaños del túnel de vestuarios sin notar los tres "kilitos" navideños de más por culpa de los polvorones, turrones y mazapanes engullidos entre aperitivos, comidas, meriendas y cenas. Tal vez salieron con ganas de volver a recuperar el tipo, y tal vez por eso, Miguelín de Las Cuevas luchó, rebañó el balón desde el suelo y se mató por Osasuna consiguiendo su primer doblete rojillo. ¿Sólo Miguelín quería hacer desaparecer sus "michelines navideños" para no tener que sonrojarse en el vestuario? Para nada.
La primera mitad fue una mirada al pasado, plagada de pases horizontales dubitativos que lo único que consiguieron fue dar vida e insertar una pizca de adrenalina en el conjunto madrileño, consiguiendo éstos un tiro repelido por el poste y un mano a mano ante Santamaría sin final feliz para agrado nuestro. En otras palabras, no se puede esperar a ver que propone el rival.
Tras una breve pausa, y con los nuestros hidratados tanto de mente como de piernas, llegó la encerrona perfecta del Leganés y el 0 - 1. Osasuna se puso el mono de trabajo y con el oficio de saber meter canarios en una jaula mezclado de magia, calidad y pundonor, apareció Miguelín para marcar el empate, aprovechando una jugada inteligente del verdadero capitán, de ese hombre que lleva el botiquín con el fin de dar el alta al enfermo, Nino.
El primer ingrediente de la hazaña estaba en el Rosco de Reyes, sólo faltaba lo fundamental, la sorpresa. Fue nuevamente Miguelín el que volvió a salir de la cueva y el balón acabó mansamente superando la línea de gol. Así sí, Don Miguel.
Al máster de Don Miguel, se le sumaron las matrículas de honor fundamentadas en el carácter, el ímpetu y el trabajo del resto del equipo, sumándose el orden impuesto por Urban desde el banquillo.
Un Urban descubridor del Sisi lateral, que proporcionó al Rosco de Reyes de Don Miguel, proyección y desparpajo en la nata, desborde en el agua de azahar, y regate y solidez sobre la guinda, coronando así su brillante receta. ¡Qué respiro!
Señores rojillos, ya que vamos de 3 en 3, en 3 toques. Melchor dio el oro a Sisi, Nino y Miguel; Gaspar dio el incienso a David y Merino; y Baltasar dio la mirra a Vujadinovic y Raoul Loé. Próxima parada, las gambitas de Huelva.
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