Los acontecimientos negruscos se sucedieron tras la polvareda de la caída de la valla de Graderío Sur. Los papeles volaron y las alfombras se quedaron sin pelillos en los bordes. Archanco dejaba la presidencia de un club saqueado. No obstante, no solo dejaba a Osasuna, sino que también abandonaba a una afición en cueros sentimentales. La Junta Gestora hizo lo que pudo y sobre la bocina consiguió la cartulina de inscripción en Segunda para un equipo medianamente "competitivo".
Tras un mayo y un junio tremendamente paralíticos, Jan Urban llegaba a Osasuna como "el Mesías". El polaco aterrizaba en la peor fecha posible a Pamplona, pero, como él dejó bien claro, se trataba de una oportunidad irrefutable. El "somos pocos, pero buenos" y cuatro puntos en las dos primeras jornadas con un empate in extremis en la Romareda se encargaban de poner una telilla engañosa que nos hacía creer como a niños en que esta pesadilla ya había terminado.
Muy a nuestro pesar, lo lechoso se quedó donde se quedó, en un paladar rojillo seco hasta el punto de ver espejismos donde era imposible presenciar algo decente. La Junta Gestora daba un paso a la derecha para que el antiguo defensor del socio, Luis Sabalza, junto a su junta directiva apostaran por salvar y ayudar a Osasuna. Osasuna iba camino de esqueleto de "Diplodocus" para el Museo de Ciencias Naturales de Nueva York, pero tras el paso sin pena ni gloria e insuficiente de Mateo, la "Bruja de Campanas" se abrió paso entre los muertos.
Tras el 1-2 en casa contra Las Palmas, el desfibrilador de Martín y el gol de la Ponferradina nos mandaban a Sabadell con toda la carne en el asador. Los goles de Collantes y Aníbal nos mandaban a Segunda B y quién sabe si esos pocos minutos que quedaban iban a ser los últimos de vida del equipo de nuestro corazón. ¡Pim, pam, pum! Javier y David, los mismos que hace una semana nos dieron el pase a una final de Primera, nos daban la salvación.
Señores rojillos, Ponferradina y Girona han tenido mucho que ver en nuestra salvación y en nuestro ascenso respectivamente. Un equipo unido con un concepto de papel secundario intachable. Un equipo que expresa todos los valores que ensalzan un sentimiento que se llama como nosotros, Osasuna. Un círculo de dos años y un mes en los que hemos sudado sangre, dolor y lágrimas. ¡Ya estamos en Primera! Y tú, señor Martín, ¿qué quiere que le diga? Gracias y quédate de por vida. No me vaya a poner usted excusas. Osasuna de una desaparición motivada por el saqueo ajeno e injusto al sitio del que nunca debió descender, Primera.
PD: Esta reflexión abarca estos dos años y un mes de manera fugaz y va dedicada a todos aquellos que me leéis desde el primer día y a todos aquellos que os habéis ido uniendo batiendo todos los récords. Gracias, rojillos y rojillas, de corazón. ¡Os espero en Primera!












