domingo, 19 de junio de 2016

Estamos de vuelta

Muy a disgusto de muchos ya estamos aquí, en ese lugar del que nos echaron de la peor y más misteriosa forma posible. El 18 de mayo de 2014 Osasuna ganaba 2-1 al Betis, pero no dependíamos de nosotros mismos tras nuestra derrota en casa frente al Celta y un empate vergonzoso en Cornellá. El gol en Vallecas fue anulado y dijimos adiós a catorce años en Primera plagados de incontables hitos.

Los acontecimientos negruscos se sucedieron tras la polvareda de la caída de la valla de Graderío Sur. Los papeles volaron y las alfombras se quedaron sin pelillos en los bordes. Archanco dejaba la presidencia de un club saqueado. No obstante, no solo dejaba a Osasuna, sino que también abandonaba a una afición en cueros sentimentales. La Junta Gestora hizo lo que pudo y sobre la bocina consiguió la cartulina de inscripción en Segunda para un equipo medianamente "competitivo".


Tras un mayo y un junio tremendamente paralíticos, Jan Urban llegaba a Osasuna como "el Mesías". El polaco aterrizaba en la peor fecha posible a Pamplona, pero, como él dejó bien claro, se trataba de una oportunidad irrefutable. El "somos pocos, pero buenos" y cuatro puntos en las dos primeras jornadas con un empate in extremis en la Romareda se encargaban de poner una telilla engañosa que nos hacía creer como a niños en que esta pesadilla ya había terminado.


Muy a nuestro pesar, lo lechoso se quedó donde se quedó, en un paladar rojillo seco hasta el punto de ver espejismos donde era imposible presenciar algo decente. La Junta Gestora daba un paso a la derecha para que el antiguo defensor del socio, Luis Sabalza, junto a su junta directiva apostaran por salvar y ayudar a Osasuna. Osasuna iba camino de esqueleto de "Diplodocus" para el Museo de Ciencias Naturales de Nueva York, pero tras el paso sin pena ni gloria e insuficiente de Mateo, la "Bruja de Campanas" se abrió paso entre los muertos.

Tras el 1-2 en casa contra Las Palmas, el desfibrilador de Martín y el gol de la Ponferradina nos mandaban a Sabadell con toda la carne en el asador. Los goles de Collantes y Aníbal nos mandaban a Segunda B y quién sabe si esos pocos minutos que quedaban iban a ser los últimos de vida del equipo de nuestro corazón. ¡Pim, pam, pum! Javier y David, los mismos que hace una semana nos dieron el pase a una final de Primera, nos daban la salvación.


Señores rojillos, Ponferradina y Girona han tenido mucho que ver en nuestra salvación y en nuestro ascenso respectivamente. Un equipo unido con un concepto de papel secundario intachable. Un equipo que expresa todos los valores que ensalzan un sentimiento que se llama como nosotros, Osasuna. Un círculo de dos años y un mes en los que hemos sudado sangre, dolor y lágrimas. ¡Ya estamos en Primera! Y tú, señor Martín, ¿qué quiere que le diga? Gracias y quédate de por vida. No me vaya a poner usted excusas. Osasuna de una desaparición motivada por el saqueo ajeno e injusto al sitio del que nunca debió descender, Primera. 

PD: Esta reflexión abarca estos dos años y un mes de manera fugaz y va dedicada a todos aquellos que me leéis desde el primer día y a todos aquellos que os habéis ido uniendo batiendo todos los récords. Gracias, rojillos y rojillas, de corazón. ¡Os espero en Primera! 



miércoles, 15 de junio de 2016

Ganar

De Girona al cielo. De Girona a Primera. De Girona a la Plaza del Castillo. Esta es la nuestra y no cabe otra que salir a ganar. A un sólo metro bajo el cielo de los cuatro que teníamos por encima. Dos tiempos de cuarenta y cinco minutos y "a gozar, rojos", como dice Martín. ¿Por qué? Porque somos un equipo valiente y luchador que defiende sus colores con el corazón. Los años han ido pasando y, tanto en las buenas como en las malas, seguimos aquí porque somos Osasuna, y esto nunca va a morir.

Navarra entera engalanada, Navarra emocionada, Navarra en Girona y Navarra con Osasuna. Por favor, marcad un gol por esta grada porque aquí está uno de los que no fallan. Rojos, llevadnos a Primera otra vez. No hay seis sin siete, y no hay un 1935 -el primer ascenso- sin un 2016. Dieciséis años después uno o varios de nosotros puede unirse a los Bienzobas, Vergara, Eizaguirre, Egaña, Marañón, Martín, Iriguibel, Palacios o Iván Rosado. Una gitana y la bruja de Campanas han tirado las cartas y han dicho que Osasuna va a ser campeón. 



De Girona al cielo, sí, pero este equipo no es el Nàstic y sus carrileros no son ni Mossa ni Gerard ni Mata es Emaná ni Lejeune es Suzuki. 
El Girona sabe a lo que juega y ejecuta muy bien la defensa de cinco creando superioridades rápidas con Clerc y Maffeo por los laterales. Es más, las internadas desde atrás de Borja García gracias a su guardaespaldas Pons son claves. No obstante, Manuel Sánchez proporciona el dilema del equilibrio de este equipazo dando libertad y despertando chulería en Torres, Mikel, Kenan y Miguel, y tanto Oier como Javier están locos de la cabeza por ser carrileros de verdad. Dicen algunos que no les interesa, pero su progresión roza la matrícula de honor. Yo a este Osasuna le voy a seguir hasta que me muera, y voy a seguir recorriendo más de sesenta kilómetros de carretera.

Mi corazón junto con el de todos vosotros va a desangrar osasunismo durante los 500,6 kilómetros hasta Girona. Una vez allí, no van a dejar de latir hasta que las luces de Montilivi se apaguen. Osasuna, yo te quiero, y has sido y eres mi más fiel amigo. La temporada que viene volveré a estar contigo y te lo digo de corazón que te seguiré con pasión. Todos te seguiremos con pasión estés donde estés, en Segunda o en Primera.


Señores rojillos, ¿vamos a dejar que caminen solos? Para nada. Nunca les hemos fallado, y estoy convencido de que la unión presente en este vestuario no nos va a fallar. Aquí no falla nadie y Maikel el pasado miércoles lo volvió a demostrar. La valla que cayó en Primera se reconstruye y solo le falta el último barniz. Cautela, mucha cautela. Cabeza, mucha cabeza. Toquemos la madera del roble montañés y salgamos a corchetazos con nuestro vino de la Ribera. Osasuna sólo hay uno. Osasuna es de Primera, y es ahí donde merece estar por todo lo que conlleva. Así pues, a por todas rojos, y marcad antes que ellos por un Gol Nord a reventar, una Pamplona entusiasta que apostará todo al rojo y una Navarra que así suele gritar, "¡Osasuna! ¡Aúpa! ¡Que tú sabes triunfar!". Y como dice nuestro niño pródigo, Kenan Kodro, "nunca hay que dejar de creer". ¡Vamos rojos!

martes, 14 de junio de 2016

Y si, sí

Lejos de pantomimas y engañosas sensaciones está el suelo y, de momento, los pies los tenemos soldados a dos metros bajo el cielo. Si que es verdad que la Torre de Babel se ha reducido en medida, pero la dificultad y la inestabilidad de su contenido sigue intacta. Si nos adherimos al significado de esta casual metáfora y a lo que representa, la Torre de Babel es un algo que Osasuna ha llevado encima durante estos últimos años: caos, ruinas, un sentimiento herido, una historia caída de la gracia o una desazón raquítica convertida en roble. Y si, ¿nos dejamos por fin de tanta chapuza y nos centramos en lo que nos incumbe? Y si, sí.

Cuando afirmo "lo que nos incumbe" me centro en el ahora y lo único que tengo presente es la terrible guerra futbolística que se nos presenta. No obstante, Osasuna llega al momento clave de la temporada con ese elemento sentenciador llamado gol y con la fuerza añadida de haberse impuesto ante un Nàstic que estuvo luchando hasta el último aliento contra el Leganés en el rin de Primera. Los "y si, sí" se multiplican como avispas asesinas si nos fijamos en que Vicente Moreno tuvo que salirse de su guión principal pasando a un 4-4-2 más poblado por el centro y renunciando a las subidas de Gerard y Mossa. Me explico. Osasuna reúne un chute de adrenalina imponente, el mejor invitado posible -el gol- y el poder de obligar a mudar de piel al contrario.


Para subir a Primera o, por lo menos, intentarlo de manera agresiva -en el buen sentido de la palabra- hay que ser chulos en concepto futbolístico y el desparpajo de Miguel de las Cuevas, Roberto Torres y Mikel Merino lo evidencian hasta el punto de mutar una piedra en cristal. La chulería no viene por si sola y tampoco viene porque el juez sentenciador haya querido vestirse de etiqueta. ¡Manuel Sánchez! Pero, ¿dónde estabas? Aquí se basa mi toma y daca de toda la temporada con Martín, el dilema del equilibrio en el cual Merino era "prisionero". Eso si, ¿y si el "conservadurismo" nos ha traído aquí? La cuestión es que estamos a 180 minutos de Primera y que sin Martín este "ora et labora" se podría haber quedado en un convento de clausura.

Señores rojillos, y si, sí. Un nuevo día para unirnos bajo la misma capa y el mismo pañuelo. Un nuevo día para fundirnos todos los navarros bajo el abrigo del escudo que porta la zamarra escarlata. Un nuevo día para acercar nuestra garganta al asiento que tanto nos ha visto llorar y reír. Un nuevo día para preguntarnos si la próxima vez que volvamos seremos de Primera o de Segunda. Y Osasuna, yo te digo, no me importa cuán decepcionante pudo haber sido mientras trabajaste para un sueño, pero ese sueño que tienes en tu mente, es posible. No será fácil, pero hasta en los momentos que tú dudes de ti mismo, serás grande. Por ti que corres tras este sueño, y por todos los que te queremos, no dejes de intentarlo hasta que las luces de Montilivi se apaguen. ¡Vamos rojos!


miércoles, 8 de junio de 2016

Va por ti, Nino

Porque lo vivido ayer no se me olvidará nunca. Porque después de tanta telaraña, un rayo de sol da vida. Porque los sueños, sueños son y el sueño continúa. Un metro escalado, y tres metros bajo el cielo. Martín supo leer el partido de cabo a rabo y tiene mucho mérito marcar tres goles a un todopoderoso Nàstic. ¡Sí! Todopoderoso, porque no es un simple ascendido de Segunda B, y sino, miren a sus jugadores, piensen y analicen.

Chapeau en la presión y en la colocación de Mikel Merino, Roberto Torres y Miguel de las Cuevas por delante de un omnipresente Manuel Sánchez que viene demostrando más que de sobra que tiene un puesto fijo en este equipo. Aquí la brillantez echó espuma hasta el punto de explosionar la alcachofa. El planteamiento fue muy similar al de Tarragona provocando el avance en la posición de Merino -es realmente ahí donde deja acaecer sus virtudes- y desbordando las notas estratégicas del caudal de los de Vicente Moreno remolcándoles, incluso, al límite del antifútbol.

Madinda fue anulado y esto imposibilitó al Nástic ejercer su tónica pura. Los dos centrales se quedaron demasiado solos en la zona de creación porque sus dos laterales, Gerard por la derecha y Mossa por la izquierda vivieron en la media sin mucho fruto por recoger. Entonces, ¿cómo? Perfecta lectura del partido y espectacular versión del niño pródigo, Kenan Kodro.


No obstante, como es obvio, y más si tienes a jugones como Tejera y Emaná revoloteando por tu vía, el trabajo no es fácil por muy claro que lo cristalices. El partido terminó 3-1, pero un 3-3 u otro resultado distinto no debería de haber sorprendido a nadie. Lejos de la clave del partido, el saber cómo cubrir las bandas -la de Jean Luc en la segunda parte- y diligenciar los desdoblamientos Mossa-Naranjo por la izquierda tienen nombres y apellidos, Javier Flaño y Oier Sanjurjo. Dos carrileros que no serán carrileros, pero que poco a poco se asemejan más a esta raza en peligro de extinción.

El último gol en contra no me gusta, pero tampoco me disgusta porque nos hace mantener la luz roja de aviso encendida. A mi modo de ver, si salimos a encerrarnos y no a por la victoria, pecaremos. Y acuérdense, un pecado ahora es letal, pero más letal -en el buen sentido de la palabra- fue el ambiente vivido ayer en El Sadar. Yo, les digo una cosa, no guarden la tarjeta en una aldea penetrante y recóndita. ¿Por qué? Porque si tenemos cabeza, nos veremos el miércoles de nuevo.

Señores rojillos, esta reflexión va por Nino, un hombre comprometido y rojillo de adopción que ayer no pudo estar en El Sadar por razones un tanto injustas. Así es la vida, y nosotros al igual que Nino, seguimos. ¿Vamos a dejarlo aquí? Yo estoy orgulloso de lo que nos hemos agenciado, pero quiero más, más, más y más. Por cierto, será clave no encajar gol pronto, y lo dicho, las aldabas, las trancas, las cerraduras y los pestillos para la ferretería. Quedan noventa minutos. ¡Vamos rojos!


lunes, 6 de junio de 2016

A 4 metros bajo el cielo

Bloqueo. Incredulidad. Satisfacción. Emoción. Consecución. Palabras que muchos no hubiéramos ni imaginado al finalizar el partido en Oviedo. Una pizca de suerte retrocedió 363 días después para acomodarse en los corazones rojillos. Ahora es ciertamente cuando echas la mirada atrás. Ahora es realmente cuando te acuerdas de lo vivido y de lo sufrido, de las alegrías y tristezas, de los saltos y obstáculos, de los que siempre estuvieron en el barco y de los que se bajaron en el oasis crítico de un sentimiento dependiente de la melancolía de un desfibrilador. ¿Y ahora qué?

Sonará ventajista, pero los que están a mi lado ya eran conocedores de mi confianza en Oriol Alsina y esa posibilidad aleteaba con fuerza mi cabeza y estaba convencido de que iba a hacer lo que tenía que hacer, ganar al Zaragoza. No obstante, múltiples empates podían actuar como jueces oscuros y deslizarnos de manera derrotista y claudicante. Más bien cruel, porque semejante crueldad estaba patente tras lo vivido ante el Huesca. Sólo quedaba soñar y el minuto 87 nos puso en el lugar mínimo que merecíamos, la sexta plaza.

Como diría Calderón de la Barca, todo es un sueño y los sueños, sueños son. Ahora, algo inesperado está por venir y el caer, si se cae, no ha de quitar la gloria del haber subido. Ya os conté hace unas semanas, y justo tras el partido de Tarragona, que si Osasuna era capaz de superar el tándem Huesca-Oviedo, sería un equipo muy peligroso y con un chute de adrenalina aniquilador. ¿La vamos a liar? Ojalá que sí, y yo creo, creo de manera vandálica e inatacable. Sin embargo, pienso que somos mejores cuando no damos un duro por algo, pero nunca dejando de creer. Por favor, rojillos y rojillas, cabeza. A 4 metros bajo el cielo, un metro por partido nos separa de una historia de altura que fue deshecha y que terminó demolida. Una historia de altura que ahora puede identificarse con un propio y legítimo Osasuna.


A mi modo de ver, guardamos en el tintero muchas razones por las que creer, y a su vez relucen unas cuantas sobre las demás. Martín ha encontrado su idea efectiva en estos tres últimos partidos, la delantera revive con un repuesto Kenan Kodro y un Urko Vera carente de agonía, la magia de Miguel de las Cuevas como hombre libre y no como banda específica fulgura el rojo en ataque, la defensa de cuatro responde con un Pučko que centellea en las ayudas y que quiere asemejarse al de principio de temporada, un Oier que irradia osasunismo señalando continuamente a la afición, un Miguel Flaño que capitanea con el valor de la humildad, un Torres que relumbra categoría, un Merino que resplandece el equilibrio, un Nino y un Nauzet expuestos a la locura del compromiso, una afición que excede los limites de una palabra llamada amor... Mil razones por las que creer, mil tambores por los que soplar y mil trompetas por las que tocar.

La etapa más brillante de Osasuna dio paso a un día desolador. Un día fatídico. Un día en el que fue imposible no llorar. Un dia en el que te preguntabas un por qué tonto, un por qué nosotros. El león cayó y El Sadar se encogió en un mar de lágrimas, pero un pálpito se dejó escuchar de la nada. Dos años más tarde, mañana, El Sadar será de nuevo una fiesta. A cuatro pálpitos de volver a Primera con los mimbres que nunca debieron de ser denegados en este club. A cuatro latigazos de dar carpetazo a una presunta gestión fatal que terminó incrustando astillas imposibiltando la respiración de un club inocente. A cuatro sonrisas de poder gritar gol en la máxima categoría de la mano de Tajonar, de unos señores comprometidos, de un entrenador que daría la vida por Osasuna, de unos trabajadores que trabajan a destajo por y para este club y de una Junta Directiva que progresa adecuadamente.  A cuatro revoluciones de poder volver a vibrar con todos y por todos los que sienten y sintieron a Osasuna.

Señores rojillos, a cuatro metros bajo el cielo. Osasuna es un club pequeño, pero con galones y Osasuna jamás morirá. Osasuna es sentimiento y los sentimientos, sentimientos son. ¡Vamos rojos!