domingo, 14 de junio de 2015

Mamá, ¡lo hemos conseguido!

Compromisos importantes me impidieron escribir durante dos semanas, y por lo tanto asistir a las gradas de la Nova Creu Alta. El pasado domingo me desperté confundido, con la mente perdida y verdaderamente preocupado por las señales de conformismo que revoloteaban por el aire rojillo. Muchos me tachaban de gafe o de pesimista pero es que el ambiente optimista jamás ha sido buen aliado en este deporte, y menos si llevas puesta la zamarra de Osasuna.

Pasaban las horas, los minutos y los segundos muy despacio. Veía mi banderín de Osasuna, veía su escudo con su corona y su león, y se paraba el tiempo. No había nada que me impidiera no pensar en ello. La una, las dos, las tres, las cuatro... y mientras numerosas vueltas al pasado alegraban y recargaban de optimismo mi mente. Personalmente, aún no había digerido bien el capotico de San Fermín en el Sardinero. Sin su palmada en la espalda de la Ponferradina, ya hubiésemos estado muertos.

Cogía mis recortes, mis libros con telarañas, mis fotos y mis recuerdos. Osasuna no podía morir. La emoción no me dejaba mirar más allá. Echeverría, Vergara, Robinson, Larrainzar, Bustingorri, Raúl García, Bosmediano, Basauri, Macua, Palacios, Ibañez, Marañón, Glaria, Soldado, Webó, Savo..., sí, pero ninguno de ellos iba a luchar esa tarde por la historia de Osasuna. Mi nudo en la garganta iba camino de desatarse. Mis astillas clavadas iban camino de saltar disparadas. Mis nervios me cegaron. Mi destino, mi rumbo y mi timón eran las seis de la tarde. Tic, tac, tic, tac. ¿Por qué somos de Osasuna?

Por fin llegaron las seis. No había tiempo de mirar quién jugaba ni mucho menos de analizar el sistema táctico. Sólo hacían falta bemoles y galones. Me senté en la mesa del comedor con "la aplicación de la ligatv" instalada y con la radio de altavoz. El partido arrancó y mis miedos se hicieron fuertes. El miedo llamó a Collantes y con el grito de horror rojillo marcó el primero. Mi madre rápidamente se unió a mí, incrédula y en estado de desconcierto. Nadie esperaba un gol del Sabadell y mucho menos la actitud de unos jugadores que vagaban sin alma por el terreno de una cita por la historia. El juego rojillo no mejoraba y el balón estaba lejos del área rival. Osasuna se sumergía y se enredaba de manera deplorable. De repente, un error en la marca, pim, pam, pum, y el segundo del Sabadell. Anibal nos ponía las cosas difíciles ya que el Racing de Santander hacía su trabajo en Albacete. La situación asfixiaba a Osasuna y las lágrimas recorrieron mi cara. Mi madre sintonizó otra radio y se fue del comedor. Al descanso, recuperé mi bufanda del milagro de la jornada pasada y me la puse por encima como superstición. Ya sólo quedaba agarrarse al milagro, al talismán y a la creencia en que este equipo podía remontar. Verdaderas lágrimas de tristeza eran protagonistas. El peor de mis miedos se hizo realidad. 

Sin esperanzas en Sabadell, viajé a Albacete pero sus pases hacia atrás me dejaron divisar lo peor. Entre suspiros, "¡atención que puede ser buena, mete la cabeza, gol gol gol gol gol gol gooooooool de Osasuna! ¡Venga que estamos más cerca, venga que tenemos que quedarnos en Segunda División!". Mi corazón no palpitaba. Mi madre y yo nos miramos parpadeando. Aún hacía falta otro. El partido llegaba a su fin y el colegiado añadía cuatro minutos. "¡Álex Berenguer, ahí va su envío, lo remataaaaa, gol gol gol gol gol gol gol gol gol gol goooooooooooooooooooooool, Javieeer Flañooo!" Con el corazón en un puño y las lágrimas en la cara nos buscamos mi madre y yo enfundándonos en un abrazo. ¡Mamá, lo hemos conseguido! Esto era lo que repetía una y otra vez llorando como un niño.

Señores rojillos, ¿por qué somos de Osasuna? No es algo fácil de transmitir, pero es algo muy, muy grande. Somos de Osasuna por tardes como esta. Somos de Osasuna por la lucha, la entrega y la fe. Somos de Osasuna porque al nacer nos enfundaron una blusa escarlata. Somos de Osasuna porque es parte de nuestras vidas. Somos de Osasuna por pertenencia y acogida. Somos de Osasuna porque es sentimiento. Somos de Osasuna porque vivimos sientiendo pasión por algo verdadero. ¿Por qué somos de Osasuna? Simplemente, porque no es sólo un equipo sino una forma de vida.