domingo, 29 de marzo de 2015

Ya falta menos

Menos de cien días quedan para el chupinazo de San Fermín y menos de doce partidos quedan para el final de una pesadilla de la que estoy seguro de que despertaremos para regenerar de nuevo a Osasuna.

Hoy, un Osasuna reconocible hizo un amago de levantarse de la cama y de dejar atrás de una vez por todas la terrible bruma que nos tiene cogidos de pies y manos y no nos suelta. En la isla, volvió Oier - puro osasunismo - y en casa, volvió Jordan Lotiès tras largos meses de trabajo y esfuerzo.

Por fin, hemos podido ver el triángulo que tantos pedíamos con David García como pico y al que unos pocos lo consideraban erróneamente como el "triángulo de las Bermudas". David fue un chorro de agua a presión durante todo el partido en los saltos y en los balones divididos.

El jovencísimo de Tajonar supo conectar con la línea de cuatro gracias a la evidencia y a la infalibilidad de un más que comprometido Nikola Vujadinovic. Estos cambios en la retaguardia aportaron dinamita y frescura a los de delante.

Merino se encargó de sostener y de entonar el "Riau-Riau" aunque a veces desafinó errando en los pases debido a la precipitación y a la falta de oxígeno. Cedrick cogió a los toros del corralillo del gas por los cuernos y envistió a los "guajes" sportinguistas una y otra vez por banda. ¡Cuanta calidad tan desaprovechada! Roberto Torres y "Lionel" Sisi ejercieron de innovadores gracias a su libertad y fueron éstos los que quisieron dar color a un flamante partido de Osasuna plagado de intensidad, pundonor, garra y jugadas "correctamente hilvanadas". O sea, ¡cómo un bonito pañuelo rojo de San Fermín!

Al final, los palos rebeldes, la falta de acierto ante el espantarojillos y la mirada incesante del tuerto evitaron que nos anudaramos al cuello, por un mediodía, el pañuelico.

Señores rojillos, ya falta menos para ver nuestros pañuelos rojos en nuestro cuello y con la salvación del equipo de nuestro corazón en la faja. Próxima parada, Sevilla.

#YoSoyRojillo

lunes, 23 de marzo de 2015

Pesadilla

Todos hemos tenido un ensueño que nos causa una fuerte respuesta emocional como el miedo. Todos hemos sido víctimas de sueños impregnados de agitación. Todos hemos padecido alguna pesadilla en nuestra vida de la cual es normal despertar.

Osasuna es la víctima de una pesadilla sin precedentes. Una terrible bruma se ha colado entre la cerradura y por debajo de la puerta. Ha llegado para quedarse y para tambalear ferozmente a todo el que sienta osasunismo. ¿Despertaremos o acabará con nosotros?

Si me ciño al partido, de manera objetiva, no es el peor de la temporada, ni mucho menos. Sin embargo, el que falla, paga. Mateo pasaba del 4-1-4-1 patatero al 4-2-3-1 isleño y... ¿algo nuevo hermano?

El equipo navarro comenzó a entonarse y a bailar de lado a lado como los gigantes y cabezudos. Entre jota y txistu, Sisi botó una falta y David García falló a bocajarro. Unos minutos más tarde, fue Mikel Merino el que apuntó, a menos de un metro, al espantarojillos tinerfeño.

El Heliodoro no olvida y Osasuna es su presa fácil. Asier Riesgo, en una salida en falso y atemorizado por el hombre del saco, se comió con papas arrugas la patata caliente. 0-1, y al descanso en una primera parte dominada de principio a fin.

Tras el descanso, el Teide despertó al Tenerife y causó una tormenta de cenizas de la que Osasuna no pudo escapar. Osasuna quiso, sí, pero el colapso de dos pivotes más defensivos que ofensivos proporcionó un ataque pobre. Nino no se encontró y con la salida de Merino y la entrada de Olavide no se mejoró. ¿Tanto cuesta entender que Olavide necesita de Merino y este último del primero? Más tarde, Mateo decidió mandar a Javier Flaño a la playa de San Telmo. Y fue por ahí, por Puerto de la Cruz, por donde Maxi sentenció imposibilitando un empate a pesar del tardío gol de penalti.

Señores rojillos, estamos en el ojo de la pesadilla del cual será mejor despertar. Osasuna quiso de verdad pero la fortuna canaria le dio la espalda. Próxima parada, Gijón.

domingo, 22 de marzo de 2015

Mendizorroza hasta el año que viene, espero

Todos los rojillos que estuvimos en Mendizorroza fuimos testigos de un diálogo capaz de emocionar hasta al menos forofo. Entre ese intercambio de palabras muchos eran los emisores, y también los receptores; y entre estos últimos, un león esclavo con ganas de rugir.

Hacia las cinco de la tarde pude pisar Vitoria por tercera vez esta temporada. La primera fue copera, la segunda de nevada y la tercera... Limpien sus mentes y agárrense fuerte.

Vitoria, una ciudad pequeña y acogedora como Pamplona pero capaz de desprender por todas las paredes un aire futbolero y de sentimiento calcado al rojillo. Pasaban las horas rápidas y las calles se camuflaban con blusas encarnadas. Todos los caminos llevaban a Mendizorroza y ahí llegué junto a más de un millar de fieles nómadas rojillos.

Debíamos aprovechar una oportunidad insólita para recortar tres puntos a todos los rivales pero lo único que se recortó, otro día más, fue el eterno corazón osasunista.

¿Cuándo nos daremos cuenta de que Miguel Olavide es fundamental en este equipo? ¿Por qué no salió de inicio Álex? ¿Y Jose? Los centros laterales y los espacios mortales entre el pivote y la defensa son nuestra pesadilla. Mateo no se da cuenta de que ya estamos hartos de ver a Kenan Kodro como extremo. Más bien, hartos de experimentos inútiles. Kodro ni ataca ni defiende. Al no defender, se queda don Javier Flaño en aguas. Por la derecha, Cedrick hace un Kodro y Sisi un Javier. La pésima planificación deportiva lleva a poner a un extremo como lateral. El rival nos pilla y ataca por ahí. ¡Así se las ponían a Felipe II !

Mientras el esperpento futbolístico continuaba, los corazones rojillos no se daban por vencidos al grito de "Osasuna nunca se rinde". Los globos rojos y azules teñían el cielo y las bufandas sobrevolaban las cabezas de los mil osasunistas. La afición del Alavés no se quedó tampoco corta y sintió compasión por un Osasuna herido que debe sanar cuanto antes.

Señores rojillos, el presente está muerto y el mañana no ha llegado aún. Solo tengo un día, hoy, y he decidido levantar a mi Osasuna antes de que sea tarde. ¡Aúpa Osasuna! 

A punto de caramelo

Una lágrima recorrió mi cara, mis ojos miraban a la nada y a la vez contemplaban en los rostros más veteranos la tristeza por la pérdida de un verdadero rojillo que entendió los valores inherentes a la zamarra encarnada. La melodía encogió al Sadar y mientras, un equipo unido en piña como en tiempos atrás ensalzó el aperitivo del partido.

El equipo salió formando un 4-1-4-1 imprimiendo garra y agresividad navarra. David y Nikola aportaron tres cucharadas de azúcar y con seguridad supieron cortar la marrullería del Alcorcón. La pena fue ver la cojera de la banda izquierda, presidida por don Javier Flaño, que resultó un tanto insípida. Raoul Loé se encargó de colar los obstáculos y mantener un mayor orden táctico. El amigo Mateo le ha quitado la ardua tarea de construir juego. Roberto Torres y Merino, acompañados por Álex, y en menor medida por Kodro, vertieron dos cucharadas de zumo de limón para añadir acidez y verticalidad a la receta. ¿Lo consiguieron? A cachos. Necesitaron la ayuda de una mascarilla de oxígeno para terminar de seguir el libro "Cocina con Mateo". Nino, arriba, y Sisi, por la derecha, pusieron el calor necesario para que el caramelo se tostara en los momentos de bajón del equipo. El caramelo fue templándose durante casi toda la cocción gracias al gol de Torres pero justo cuando se iba a tostar, la sartén cayó al suelo. Primero, Jose García no acertó sólo ante Javi Jiménez; y después, el palo le tendió el balón a Guichón para empatar el partido.

Señores rojillos, a punto de caramelo. Osasuna dio señales de vida mediante los valores de antaño. Transmitió la idea de que el "quiero pero no puedo" va camino del "quiero y puedo". Estoy seguro que de Mendizorroza vendremos con tres caramelos bajo la bufanda rojilla. Próxima parada, Alavés.

Nuestro himno

Tiempos negros nos persiguen y nos secuestran bajo una espesa y opaca niebla. Tiempos plagados de telarañas nos aprisionan pero aún las arañas más hábiles pueden dejar un hilo vulnerable. Tiempos hostiles y de incertidumbre nos aguardan pero de las cenizas surgirá un fuego y una luz iluminará al osasunismo. No conozco a la mitad de ustedes ni la mitad de lo que querría. Sin embargo, sé muy bien que llevan en la sangre el león de nuestro escudo que lleva consigo un espíritu limpio de corazón y triunfador.

La esperanza verdadera lleva a la victoria. Seamos valientes, luchadores y defendamos nuestros colores con brío arrollador y gritemos sin cesar un ¡aúpa Osasuna! Pintemos y barnicemos nuestro corazón rojillo aún más. Planchemos y luzcamos nuestra blusa encarnada junto a nuestra bandera roja y azul como falda. Plantemos nuestras raíces fuertes ante la adversidad como el roble montañés. Brindemos con una copa de vino de la Ribera por nuestro sentimiento. Vibremos recorriendo Navarra entera, de rincón a rincón, cantando y derrochando tesón.

No seremos artistas en el juego ni dominaremos el balón pero si que pondremos en pie a un público entusiasta que aunque ahora tenga ganas de llorar, más tarde tendrá ganas de reír al grito de "¡Venga chavales! ¡Aúpa! ¡Pa'lante!". 

Señores rojillos, nos hemos clasificado por méritos propios a una verdadera final el próximo sábado y yo les pido que sangremos rojo, encarnemos nuestro himno, acudamos todos al Sadar, dejemos nuestros problemas al margen porque ahora sólo nos une un sentimiento, Osasuna.

#YoSoyRojillo

Triste y lamentable

Nada bueno presagiaba el partido ante los gallegos. El osasunismo estaba machacado de dolor y el terraplén de Mallorca mezclado de manera turbia con todo lo institucional hizo mella. ¡Y de qué manera!

Arrancó la intemperie, la destemplanza, la pereza, la incredulidad y el error perpetuo que no cesa y ciega hasta al más osasunista. La primera escena fue un cúmulo de frutos rojos envenenados pero a la vez gustosos que terminaron por engañar al más inocente. Ahí estaba el buenazo de Raoul Loé. 

El aire y el mensaje que revoloteaba en forma de ola entre asiento y grada en El Sadar era más que extraño e inusual. La pandilla de Tajonar no pegaba ni golpe y lo duro de digerir era la pereza que despertaba. David López, Pita y el canario, Iriome, camparon a sus anchas montados a caballo lanzando flechas agrias y sin piedad a su paso. Demostraron su habilidad en el arte ecuestre y dieron una lección de eficacia y efectividad. 

La situación descafeinada y el escaso trabajo de muchos jugadores sobre el césped desembocó en un día triste para el osasunismo. Otro más. A uno de los principales artífices de engrandecer el nombre de Osasuna le tocaba abandonar la fresca hierba de Tajonar y decir con el corazón en un puño un "hasta luego". 

Don Jan Urban no acertó, por supuesto, y no supo concretar un planteamiento adecuado. Pero no hay que olvidar que las desgracias le acompañaron desde el primer día. ¿Otro entrenador podría haber hecho más? Los propios jugadores no se brindaron como se deberían haber brindado a un inigualable osasunista de pura cepa. Jan es parte de Osasuna y su sangre vibra rojilla. Cogió al club en la UVI con un marronazo de aquí a Malta y con una planificación deportiva desastrosa. Jamás dejó de derrochar osasunismo.

Señores rojillos, al igual que Jan nunca quiso acabar de esta manera cruel, yo nunca quise estar escribiendo esta triste crónica en la que el corazón me pega latigazos cada vez que pienso en él y en Osasuna. Don Jan Urban, nunca te fuiste, nunca te irás y volverás. Próxima parada, Santander.

Derrota a la marinera

Las langostas rechupeteadas en El Sadar por el Llagostera y lejos de los morros del equipo navarro dejaron huella y desfallecimiento. El equipo balear tiró de isla y entre nécoras y centollos cortó de raíz la sinfonía difuminada entre los mozos y veteranos rojillos.

Durante las primeras oleadas de partido, el velero rojillo de un solo mástil y con la botavara perfectamente fijada empezó a surcar las aguas bermellonas atando cabos y cazando velas con la escota adecuada. De repente, una bruma empezó a nacer sobre la superficie y cayó el diluvio. El balandrajo rojillo comenzó a cabecear y a tambalearse. El ancla se hundió hasta tocar la arena blanquecina y dorada de Mallorca. Parece ser que a Osasuna se le olvidó levar el ancla, y sobretodo a la defensa, ya que una paupérrima colocación de los cuatro marineros de popa cautivaron al resto. Pero también os digo que como todo en la vida a pesar de las dificultades de unos, siempre hay otros que salvan a los que no pueden. Sin embargo, los marineros de proa no consiguieron sirgar el balandrajo rojillo y no pudo llegar a la costa a tiempo.

Tras la tempestad, el viento amainó y salieron los de prácticas marineras para adrizar el barco, adujar los cabos desgastados y asear con fregonas de mar la cubierta. José y Alex con su gorra marinera comenzaron con su tosca y ardua tarea, la de achicar agua. José se encargó de enderezar el timón y de transmitir actitud y compromiso a los que supuestamente aprobaron hace tiempo la carrera náutica. Por otro lado, Alex saltó sobre el balandrajo incrementando los nudos e intentando una y otra vez llegar hasta la línea de cal para centrar. Fueron estos pequeños tripulantes los que dieron una lección de responsabilidad y de asumir un sentimiento de vergüenza. Sin ellos este pequeño velero acabará por hundirse.

Señores rojillos, derrota a la marinera. Volvimos a naufragar y además fuimos azotados por la falta de actitud, de compromiso y de querer dar vuelta a esta situación. La corredora del barquito volvió a quedarse a cero. Próxima parada, Lugo.

Corazón partío

Tras el contagio de un tedioso virus llegó de nuevo el despropósito dejando relucir únicamente la necesidad de volver a la virtud post navideña. ¿Volverá a ser la necesidad la que despierte a Osasuna su virtud? ¿Dónde está el acierto de Urban y ese buen Osasuna? ¿Dónde está el término medio? Parece ser que la nieve arrasó con ello.

Volvió la sin razón, la apatía, el sin sentido, entre otras cosas, en el tema Kodro-Ansarifard. Es fácil decir esto después de un partido y en el que además Karim pudo marcar dos chicharros, pero voy más lejos. El sin sentido se posa en lo que viene desde atrás, en la alineación de un delantero centro como extremo y en la falta de criterio que se ilustra cuando Kodro no juega justo cuando Nino está sancionado. Qué maravilla, ¿verdad? Los fallos de sistema, la falta de claridad, los "yo me voy por aquí y me choco con el compi desubicado", la pasividad de unos jugadores sin alma y sin alternativas, están de vuelta. Y como ya dije en Miranda, estamos embarrados tanto del juego de campo como de mente. El aficionado rojillo está harto de sufrir racingadas, ponferradas, alcorconazos o llagosterazos.

Es imperdonable que deslicemos el balón de bota a bota y tiro porque me toca al congoleño y que al de Arre le enviemos al espacio bombas teledirigidas. El santo día que aprendamos que Cedrick sólo hace daño con balones en profundidad tendremos mucho ganado pero las jornadas pasan y la desilusión reina en el ser rojillo. Aún me parece más imperdonable la salida de Miguel Olavide en el descanso dejando una charca con ideas bajo la arena. Urban lo colocó donde supuestamente él está más cómodo pero se vio claramente que estuvo perdido. Todo fue a mejor cuando cayó a banda o venía a recibir en palmitas de oro más atrás. Pero cuando se encontró, salió. Finalmente lo que no tiene perdón es el ostracismo al que está sometido David García, ese jugador que pudo salvar el pescuezo a Cadamuro y que no hicieron ni Flaño ni Nikola en la jugada del gol. Un gol que es el fiel reflejo de la actual situación de Osasuna. La alternativa que han ofrecido tanto José como Alex es para tener cuenta. Pero... ¿quién le sigue? Sin alma.

Señores rojillos, para que me curaste cuando estaba herío si hoy me dejas otra vez el corazón partío. La falta de criterio del mes de enero al de febrero es inadmisible. Les regalamos cánticos y aplausos, nos devuelven despropósito. No terminemos por romper lo que tanto nos ha costado construir. Miranda fue el punto de inflexión de la primera vuelta, esperemos que sea el Llagostera el de la segunda. Pero también os digo que por estos fallos no perdamos el sentimiento rojillo, el amor por estos colores que es de lo más bonito de esta vida. Beso a beso me enamoré de ti y fallo a fallo me uniré aún más a ti. Próxima parada, Mallorca.

Tortazo

Se escapó. El partido era ayer y no creía que iba a estar escribiendo esta crónica de esta manera. Osasuna miraba este partido con un toque esperanzador y con la intención de dar caza al equipo maño pero la escopeta no estaba cargada. Ni los cartuchos ni la posición ni el gatillo estaban en su correcta medida. ¿Vuelta al pasado? Vuelta al no dinamismo.

El planteamiento inicial presagiaba una presa fácil y solitaria en un escampado sin árboles, sin matas y en el punto de mira. La banda derecha era floja y asi fue. Un Kodro, más "cabra loca" que futbolista y un Sisi abatido en su posición de lateral y superado por un gran carrilero que encara, regatea y centra. Señores, qué bueno sería darnos cuenta de que nosotros tenemos mucho de eso.

Volvimos al pasado, volvimos a aquellos días lluviosos en los que la pólvora se moja, volvimos a perdernos en el frondoso e interminable bosque de los pases planos y a tropezarnos con las raíces rotas, partidas y podridas que no nos dejan ver con claridad los pases verticales. Sólo conseguimos echar en falta a un chaval de último pase, a un chaval que juega de verdad al toque - desmarque, a un chaval desatascador de partidos como el de ayer. Pero claro, era mejor mandarlo con la "créme de la créme" a un partido de entrenamiento. 

El Zaragoza, muchísimo más preparado tácticamente, supo controlar los movimientos y los pases planos, más que previsibles, del cazador navarro. Los de Ranko Popovic construyeron poco a poco su madriguera con numerosa tierra y diversos montones de ramas con el fin de camuflarse del juego apático, autómata y estático de los rojillos. 

La madriguera era una construcción tan simple como férrea y sobretodo eficaz y capaz de anular a nuestro trofeo, Mikel Merino, que ayer fue totalmente superado por su otro rival en la misma posición, Ruiz de Galarreta. La diferencia estuvo en la recepción del pase vertical y en los continuos movimientos de sus coayudantes, Eldin y Pedro. Entre pase y pase plagados de botecitos y lentitud llegó la pérdida de balón de Raoul Loé y en ese momento un escalofrío recorrió el cuerpo esbelto de Popovic porque era lo que buscaba. La búsqueda acabó en 0-1.

Desde la altura una inteligente paloma envió un mensaje a Urban: Cedrick y José García. El equipo ganó en todo, en velocidad, criterio y sentido. ¡Qué lástima que un mal cuervo murciano perdido se comiera el "bocata agarrón" a Nikola! Y sinceramente, el colegiado Sánchez Martínez no se merece estar entre estas palabras. Basta ya de tanto experimento,  de tanto cambio y de tanta falta de criterio. ¿Por qué no volver a lo bueno de enero? Hay que poner remedio ya.

Señores rojillos, tortazo. No rompamos lo que tanto tiempo nos ha costado encontrar y que llegó por necesidad. Partido a partido y a esperar. Próxima parada, Llagostera.

Por otro mes joven

Osasuna volvía a Barcelona. Todo era igual que años atrás, el mismo viaje, el mismo autobús, la misma carretera, el mismo aire fresco de la brisa marina procedente de la playa de la Barceloneta, las mismas calles... pero de repente, Osasuna se percató de que no había partido en el Camp Nou y que le tocaba jugar en el campito de al lado, ese al que llaman Mini Estadi.

-¡¡Toc, toc!! 

+¿Quién es? 

-Somos Osasuna.

 -¡¡Adelante!!

El equipo rojillo presentó la misma alineación, salvo Echaide que fue sustituido por Sisi en el lateral. Entre los once hombres volvieron a saltar los dos críos de Tajonar, esos dos que llevan grabados en su corazón las letras "T-A-J-O-N-A-R" con el fin de coser un parche sobre los jugones de la Masía y borrarles del mapa futbolístico por una tarde.

Arrancó el partido y la chavalería comenzó a desprender, soltar y plantar semillas en el césped recién cortado. ¿Podían ellos solos con tanto trabajo? Claro que no, y por eso los jardineros veteranos como "Los Migueles" o Nino cogieron la regadera y el rastrillo para asentar y dar vida a las semillas plantadas por los de Tajonar. Estas semillas empezaron a crecer, con la función de enredar el juego entre líneas y los pies de los "Dongous", "Sandros" o "Munires". 

En algunos tramos de partido, el riego se estropeaba pero para eso estaba el mecánico Roberto para darle al RESET y luego al ON. Torres puso la tierra nueva cuando envejecía, renovó el material en desuso para el jardín y desprendió un juego incisivo y un trabajo sin lamentos provocando la salida del sol, factor imprescindible para que las plantas navarras produjeran sus frutos cuanto antes. Ah! Y como en todo jardín con buenos frutos siempre están los cuervos o las plagas de insectos, y con esto me refiero que a pesar del orden impuesto por el equipo rojillo los de la Masía como Cámara o Gumbau, entre otros, penetraron tanto por dentro como por las bandas cortando las raíces rojillas. 

Osasuna necesitaba un elemento que le ayudara y Jan Urban con su pizarra en mano, sacó la tiza y le dio la "chuleta"  a Roberto Torres, y nuestro mecánico la ejecutó a la perfección. Pase atrás para que la sirena volviera a sonar por todo lo alto. Seguidamente, no olvidemos que nuestro querido patrón nos echó una mano poniendo un cartel a tiempo en el que figuraba "Por favor, no pisar el césped." Demos las gracias al obediente Dongou que falló dos clarísimas y no estropeó nuestro tapete ordenado, y menos mal que Sisi supo cortar las malas matas en la segunda mitad con las internadas de Adama.

En definitiva, un bloque ordenado con un centro del campo joven y con calidad acompañado de ayudas y vigilancias veteranas que con una pizca de suerte colapsaron la mente y las piernas "jugoneras" de los pequeños culés. 

Señores rojillos, sufridos tres puntos pero conseguidos. Ponemos fin al joven mes de Enero sin complejos y con la idea de que Febrero siga joven. Próxima parada, Zaragoza.

Ascendiendo el Tourmalet

Tras 21 partidos jugados, Osasuna ha consumido su primera vuelta en Segunda División. Osasuna ha vuelto a degustar la categoría de plata tras no hacerlo desde el 4 de junio del año 2000. Aquel día en el que Cruchaga, Yanguas, Mateo, Orbaiz, Alfredo, Iván Rosado y Trzeciak, entre otros, nos llevaron en volandas a Primera División.

Todo estaba listo tras una dura y renqueante preparación para la meta de salida. Sin entrenador, sin patrocinadores, sin miembros en el equipo, sin liquidez, sin maillots... Sin embargo, los aficionados rojillos estaban ansiosos esperando el "Preparados, listos, ya!!!" para que la carrera comenzara. Fue Arcediano Monescillo, el encargado de dar el pistoletazo de salida; y en dos sprints a pie de montaña, dos demarrajes de Nino y un adelantamiento rocambolesco de Miguel de las Cuevas en sintonía del "somos pocos pero buenos" daban los primeros cuatro puntos al equipo rojillo en la clasificación general.

¡Qué pena que la carrera fue ganando altura! Las etapas mansas, llanas y sin baches habían llegado a su fin. Empezaron los sprints lejanos, en cuesta y a contrapié. El equipo rojillo intentó acelerar por la derecha buscando una reacción a su espalda pero se topó con que tomó el camino equivocado. Osasuna dejó demasiados rebufos que los rivales supieron aprovechar, renunció a sus señas de identidad, abandonó el pundonor, y se esclavizó a lo largo de un puerto interminable y empinado. Se ahogó sin querer en el juego "bonito" de toque desechando el juego rápido por carretera. Se empecinó en seguir sufriendo pedaleando sin criterio. Cometió "racingadas", "ponferradas" ó "alcorconazos" que le llevaron a perder el norte, el carácter, la concentración, la colocación y la falta de ideas. Ni el aguador, ese hombre encargado de bajar a la cola del pelotón con el fin de encontrar agua y alimentos, estaba presente. Estábamos tocados y hundidos en la etapa más complicada.

Con el transcurso de "la vuelta balompédica", el equipo rojillo empezó a divisar tímidamente el sol en el horizonte y comenzó a bajar el puerto topándose con un río que sonaba, pues agua llevaba, y las ideas empezaban a cristalizarse y aclararse. De repente, el sol desapareció, las nubes cubrieron el cielo y el diluvió cayó, pero ahí estaban los miles y miles de aficionados rojillos "chirriándose" por Osasuna. ¿Algo a cambio? Unas blusas sin marcas de barro y una afición con marcas de dolor que reivindicaban pundonor. Eso sí, ¡gracias Anduva por todo lo que nos diste!

Como muchos dicen, tras la tempestad llega la calma, y así fue. Una nueva etapa se forjaba, y un Osasuna entregado, batallador y guerrero empezó a hilvanar buenas actuaciones, y lo más importante, rodó a ritmo colectivo, controló la velocidad sobre todo en los repechos y de esta manera se construyó una base que arrolló y neutralizó a los vallisoletanos, canarios, madrileños, y en menor medida a los onubenses y arlequinados.

Señores rojillos, con ruedas nuevas y tintes de frescura protagonizados por los lanzadores Merino, Olavide y David, la inteligencia en la conducción del gregario Nino; y el guardabarros bien soldado de Santamaría, invitan a la ilusión y a creer en la remontada. ¿Conseguiremos clavar nuestra bandera roja y azul en la cima del Tourmalet? ¡A por ellos! 

En tierra de nadie

Llegaban al Sadar los arlequinados con el propósito de aguar la fiesta de graduación a los chavales y con el afán de romper en mil piezas el puzzle que tanto Urban como los jugadores habían conseguido completar desde hace cuatro partidos. No lo consiguieron, pero en cierto modo, estropearon los 29 puntos rojillos.

Saltaron los mismos hombres, salvo el sancionado Sisi que fue reemplazado por Echaide en el lateral derecho, para sacar las castañas del fuego ante un equipo que empezó concediendo metros en exceso y que sufrió de lo lindo en los quince primeros compases de partido.

Nuevamente, Merino y Olavide comenzaron con su recital de pases medidos al pie, con la suavidad en la carrera, con la elegancia en los tres cuartos de campo, con la visión fresca, animada y clara de un niño, con la motivación extra de querer demostrar su valía y por supuesto, con el corazón rojillo en un puño conforme transcurría el encuentro. ¿Algo más? Claro que sí, y además, negativo. Menos mal que al ordenado Iñigo Eguaras y al fiel amigo Collantes no les acompañó nadie porque mucho daño nos podrían haber hecho entre líneas. ¿Solución? David García. ¿Por qué esa manía de no querer ver el as que tenemos en la manga de la blusa? ¿Por qué tener miedo a poner las cosas en su sitio? ¿Por qué pensar que un trivote formado por David-Merino-Olavide sería dar un paso en falso? Por favor, que alguien me lo explique.

Volviendo al partido, me gustaría resaltar a Roberto Torres y mi sorpresa y contrariedad ante los pitos y las críticas hacia su persona. No me parece de recibo criticar hoy a Roberto, y reitero la palabra hoy. Gracias a sus continuos movimientos facilitó la vida tanto a la línea de delante como a la línea de detrás; y con esto me refiero a que tanto Miguel de las Cuevas como Kodro tendrían que haber aprovechado más y mejor los espacios. Partido muy digno del de Arre. 

Muchos de ustedes, acertadamente, pensaran que fue el armario sin pelo el culpable de nuestro empate. Pero yo voy a ir más lejos, no sé si acertadamente, pero creo que sí sensatamente. El mensaje, aquella palabra definida en el diccionario como recado que envía alguien a otra persona. Y es ahí donde yo quiero ir a parar. ¿Qué recado pre-partido merodea en el vestuario? Para mí, el mensaje no es el acertado. Hay que creer más.

En definitiva, mejoría en el juego empañada por una falta de criterio y picardía que provocaron la pérdida de dos puntos ante un Sabadell que no da pie con bola fuera de la Nova Creu Alta.

Señores rojillos, dos partidos cargados de ilusión en los que se escaparon cuatro puntazos dejándonos en tierra de nadie. Ah! Y no olvidemos que se está construyendo una cesta con mimbres alegres, felices y futuros que brillan sobre el césped. Próxima parada, Barcelona. 

Osasuna nunca se rinde

Tras un largo viaje a tierras onubenses y con la losa de miles de sacos de dudas con respecto a las fichas profesionales y a la eficacia y contundencia del bloque que sacaría Urban debido a los ausentes "coperos", Osasuna se presentó ante la alfombrilla de "Bienvenidos, pero sin hacer daño" de la casa del Decano del fútbol español.

Osasuna atravesó el túnel de vestuarios provocando gestos de sorpresa e incertidumbre en los rostros rojillos por motivo del doble pivote Merino-Olavide, al que muchos describían, sin querer, como blandengue, o mejor dicho, con poco fuelle de cara a defender.

El balón saltó sincronizado con el soplido del árbitro a su silbato, y apareció el Recre, en teoría tímido y temeroso, para empezar a avanzar rompiendo las dubitativas líneas rojillas de los primeros compases de partido. Fue en ese momento, cuando Merino y Olavide ejercieron de directores, y como si de dos batutas se tratase, fueron guiando a sus compañeros de cara al marco defendido por Sotres.

El bloque de Jan fue carcomiendo al laxo y pastoso Recre y si no llega a ser porque el retrovisor derecho de Kenan Kodro estaba empañado, Nino podría haber marcado el primer rosco de la tarde.

Ah! ¿A qué un partido de Osasuna no es partido sin una faltita en contra dentro del área? Por supuesto que no. Así se adelantó el Recre, enchufando la pena máxima provocada por un inocente Roberto Torres. De la misma manera que saben esto, también saben que un partido de Osasuna no es partido sin remontada. A los pocos minutos, Merino quiso seguir con la partitura y peinó un balón de platino para ese montañero almeriense navarrizado que añadió a la partitura un "do-re-mi-fa-sol" con voz de tenor para lograr la igualada.

¿Qué pasa, qué sólo nos quedamos con los directores y el tenor? Si fuese así, el Recre hubiera abucheado nuestro concierto y no lo hizo. Sin duda alguna, me quedo con el bloque.

Ya sé que muchos de ustedes me dirán que el concierto no empezó muy afinado, que los compases como en otros partidos a veces eran simples, planos, átonos y sin sentido, y que algún músico andaba un poco descafeinado. Pero no me negaran que el concierto fue ganando altura, no se dieron los tumbos fríos y tristones de antaño y que los tintes de frescura de Merino y Olavide mezclados con la inteligencia de Nino pusieron de su parte para conquistar un buen punto de Huelva.

Señores rojillos, Osasuna nunca se rinde. Merino y Olavide dieron una lección de fútbol vistoso y más ágil pero pusieron en evidencia la falta del maestro de la seguridad defensiva, David García. Próxima parada, Sabadell.

Así si, Don Miguel

Los rojillos subieron los escasos peldaños del túnel de vestuarios sin notar los tres "kilitos" navideños de más por culpa de los polvorones, turrones y mazapanes engullidos entre aperitivos, comidas, meriendas y cenas. Tal vez salieron con ganas de volver a recuperar el tipo, y tal vez por eso, Miguelín de Las Cuevas luchó, rebañó el balón desde el suelo y se mató por Osasuna consiguiendo su primer doblete rojillo. ¿Sólo Miguelín quería hacer desaparecer sus "michelines navideños" para no tener que sonrojarse en el vestuario? Para nada.

La primera mitad fue una mirada al pasado, plagada de pases horizontales dubitativos que lo único que consiguieron fue dar vida e insertar una pizca de adrenalina en el conjunto madrileño, consiguiendo éstos un tiro repelido por el poste y un mano a mano ante Santamaría sin final feliz para agrado nuestro. En otras palabras, no se puede esperar a ver que propone el rival.

Tras una breve pausa, y con los nuestros hidratados tanto de mente como de piernas, llegó la encerrona perfecta del Leganés y el 0 - 1. Osasuna se puso el mono de trabajo y con el oficio de saber meter canarios en una jaula mezclado de magia, calidad y pundonor, apareció Miguelín para marcar el empate, aprovechando una jugada inteligente del verdadero capitán, de ese hombre que lleva el botiquín con el fin de dar el alta al enfermo, Nino.

El primer ingrediente de la hazaña estaba en el Rosco de Reyes, sólo faltaba lo fundamental, la sorpresa. Fue nuevamente Miguelín el que volvió a salir de la cueva y el balón acabó mansamente superando la línea de gol. Así sí, Don Miguel.

Al máster de Don Miguel, se le sumaron las matrículas de honor fundamentadas en el carácter, el ímpetu y el trabajo del resto del equipo, sumándose el orden impuesto por Urban desde el banquillo.

Un Urban descubridor del Sisi lateral, que proporcionó al Rosco de Reyes de Don Miguel, proyección y desparpajo en la nata, desborde en el agua de azahar, y regate y solidez sobre la guinda, coronando así su brillante receta. ¡Qué respiro!

Señores rojillos, ya que vamos de 3 en 3, en 3 toques. Melchor dio el oro a Sisi, Nino y Miguel; Gaspar dio el incienso a David y Merino; y Baltasar dio la mirra a Vujadinovic y Raoul Loé. Próxima parada, las gambitas de Huelva.

Palmas rojillas

En el viejo Insular de Las Palmas de Gran Canaria, feudo del líder de Segunda División, se preveía un duelo de altura, y prueba de ello, el estadio canario registraba la mejor asistencia del curso.

Sobre las siete de la tarde, comenzó a rodar el balón, y poco a poco, los canarios se adueñaron de la pelota y empezaron a hilvanar jugadas de memoria que amenazaban la banda de Roberto Torres y Cadamuro. Los rojillos, al principio, concedieron espacios, dejaron pensar al rival pero rápidamente rectificaron dejándose de "racingadas" ó "ponferradas". Osasuna no se echó para atrás, es más, dio un paso al frente y demostró que el ejemplo a seguir era el de la segunda parte frente al Real Valladolid. Con poco, conseguimos darle al larguero tras un libre directo perfectamente ejecutado por Miguel De Las Cuevas, igual que con poco encajamos un gol tonto, de esos a los que suelen llamar olímpicos, fruto de un error infantil protagonizado por Mikel Merino. ¿Mal partido del joven navarro? Sandeces. 

Merino fue el abanderado del centro del campo, el que marcó los ritmos del baile, el que bailó con la más fea y la más guapa, el que ayudó a Raoul Loé como a un hermano y el que cuando se fue, permitió la estampida canaria. ¡Santamaría, madre de Dios, qué bueno tenerte!

Conforme pasaban los minutos, aparecieron de nuevo los adjetivos y las características que describen el último partido en casa frente a los vallisoletanos. Surgieron la llave de Santamaría, la contundencia y el socorrismo de David García, la clase de Mikel Merino, el desparpajo de Miguel Olavide, la electricidad de Cedrick y la inteligencia semi veterana y joven de Nino.

Fruto de estas virtudes, Osasuna comenzó a dar palmas, Osasuna empezó a dar una lección de pundonor, Osasuna se lo creyó, y al creérselo, se llevó por delante a los canarios enviándolos a la jaula por partida doble. Primero, fue Cedrick el que llamó a la ambulancia y la sirena no falló, ya que sonó por todo lo alto en el marcador. Nino había vuelto a marcar. Y después, fue la conexión "made-in-Tajonar", Torres-Merino, para lograr la remontada definitiva.

Finalmente, destacar el acierto de Urban en el planteamiento inicial ya que se contuvo, se vigiló y se creó peligro. Sin embargo, una cagadita suya pudo costarnos primero el empate al anular el centro del campo en el cambio Merino-Kodro, y después el 3-0 automático al estar rozando el límite con siete profesionales. Pero hay que aplaudirle ya que rectificó su error poniendo a Nino de lateral y subiendo a Sisi debido a que el albaceteño tenía amarilla. Esto provocó, además, tres contras de manual que jamás se debieron tirar al muñeco.

Señores rojillos, ayer no sólo fueron Nino, Cedrick y Sisi, si no que los que realmente pintaron de rojo el uniforme amarillo y pusieron el mojo picón fueron los de casa, David, Santamaría y Merino. ¡A nosotros si que nos ha tocado el Gordo de Navidad! Próxima parada, Leganés.

Sabor dulce y amargo

Hoy, en el Sadar, se palpaba que había algo más de tres puntos en juego, parecía que algo bueno iba a suceder, David García volvía al centro de la zaga y por lo tanto, Urban acertaba no sacando a Cadamuro como se presumía. Por fin hemos alineado a dos hombres más verticales como Roberto Torres y Cedrick, y de una maldita vez no hemos jugado con tres nueves perdidos. 

Todo estaba en orden antes de empezar el partido, Luis Sabalza se sentaba por primera vez como Presidente en el palco presidencial, y la única puntilla que podía salir a la luz era la posición de Sisi como lateral izquierdo o la presencia prematura de Cedrick.

Arrancó el partido, y saltó un Osasuna entregado, guerrero y batallador que llegó al área provocando un penalti que el colegiado no quiso ver y marcó el primer gol, nada más y nada menos, que en el minuto 3. Tras un saque de esquina y un pase vertical de Raoul Loé, Nekounam con fe y calidad empujaba el balón al palo derecho de Javi Varas.

Este mismo hombre, Javad Nekounam, comandó al equipo y tiró de oficio, pundonor y sostuvo al bloque, cosa que le hemos visto en pocos partidos, junto a un Raoul Loé omnipresente cuando los vallisoletanos más intimidaban la portería de Santamaría.

Conforme pasaban los minutos hemos sido testigos del sabor dulce que nos regaló este domingo protagonizado por la contundencia de David, las ganas y el desborde de Sisi, el rigor táctico de Raoul Loé, las maravillas de Nekounam y el oficio de un perro viejo inteligente como Nino. Antes de terminar con la radiografía del partido, resaltar que Sisi hizo daño mostrándose como extremo, consiguiendo marear a Carlos Peña, en la segunda mitad, y que en la primera parte mostró sus carencias como lateral. Y en segundo lugar, destacar la presencia de dos capitanes, uno con brazalete y sin liderazgo, y otro sin brazalete y con liderazgo. ¿Veremos en Las Palmas la pareja David-Vujadinovic? ¿Lo de hoy va a tener visos de continuidad? Espero que no se trate de un espejísmo como el vivido contra el Girona.

Finalmente, el partido no nos pudo proporcionar únicamente un sabor dulce sino también un sabor amargo inherente a la figura de Jan Urban. Y con esto me remito al gesto significativo al término del encuentro en la entrada al túnel de vestuarios. ¿Diciendo gracias o diciendo adiós? Tal vez, y digo tal vez, porque estoy confuso, creo que hay que esperar a después del mercado invernal. No tomemos decisiones precipitadas que puedan resultar amargas. Aún tenemos tiempo para todo, cómo bien ha dicho Rubí, entrenador del Valladolid, en rueda de prensa. 

Señores rojillos, contento por la dulce y trabajada victoria pero contenido por la dramática situación que rodea a un hombre que dio, da y dará todo por Osasuna, Jan Urban.

Sin marcas de barro

En una Anduva mojada, embarrada y con el color de 1200 rojillos, hemos sido testigos de una falsa esperanza, una esperanza que con el paso de los minutos se fue diluyendo, y de un partido sin ingredientes. El cambio de juego de la pasada jornada desapareció, las entradas verticales presididas por Javier y Miguel se desvanecieron, la agresividad y la intensidad se esfumaron, el timón que pareció ser enderazado volvió a su posición errónea y el "bloque" se cayó estrepitosamente.

A las seis de la tarde, saltó, por decir algo, un equipo cautivo de un sistema de juego erróneo producto de la cabezonería de un entrenador que parece que no conoce ni al rival, ni a la categoría, ni a sus propios jugadores, y la prueba reside en las declaraciones que realizó en RTVE Navarra reafirmándose en su apuesta por el fútbol de toque y aclarando que el perfil de sus jugadores no era el del fútbol directo de garra.

Presenciamos, nuevamente, la sin razón, el sin sentido que se plasma, entre otras cosas, en el cambio Loé-Cadamuro, la figura de unos jugadores que vagan sin alma, el desorden que se refleja en alinear a tres "nueves" desapercibidos, la falta de profundidad, el tímido "quiero pero no puedo" que nos persigue desde tantas jornadas atrás causa de fallos de sistema pero la gravedad cava más hondo y con esto me refiero a la falta de actitud, de ideas, de carácter, de acierto y de lucha en los propios jugadores.

¿Es muy difícil comprender qué es imposible que en un campo embarrado y ante un rival trabajado, duro y basado en la presión se le pueda hacer daño mediante un juego plano, sin alternativas y basado en diagonales inservibles?  Estamos embarrados pero no del juego de campo, sino de mente. Es triste, pero la confusión reina en el ser rojillo hasta el punto de no saber si es cabreo, impotencia, apatía, incredulidad, o qué.

Finalmente, me gustaría terminar con un adjetivo que creo que es digno de mención: imperdonable. Imperdonable es que los rivales nos ganen por correr más. Imperdonable es que encadenemos cinco semanas sin marcar gol fruto de no tirar a puerta. Imperdonable es que hagamos internacionales a la inmensa mayoría de jugadores rivales. Imperdonable es que jueguen con nosotros como si de títeres se tratara. Imperdonable es que sólo las botas de los jugadores rojillos rozaron el barro. Imperdonable es que no hayan mostrado una pizca de respeto por los 1200 osasunistas que "se chirriaron" por Osasuna en las gradas descubiertas de Anduva.

Señores rojillos, unas blusas sin marcas de barro y una afición con marcas de dolor que reivindica pundonor. 

Cuando el río suena, agua lleva

Hoy, en el Sadar, entre las pequeñas y minúsculas gotas de lluvia, sobrevolaban palabras cargadas de ilusión renovada como esperanza, cambio, agresividad, intensidad, camino a seguir o lo que es más importante la palabra "bloque". Y me remito a las declaraciones del capitán Miguel Flaño: "Hemos sido un bloque, este es el camino".

A partir de las seis de la tarde, mi sensación era diferente y ver a un Miguel De Las Cuevas entonado, encarando y yéndose continuamente de su par por banda fue un alivio muy grande y más después de apreciar que el juego "bonito" de toque había dado un vuelco, el timón se había enderezado y numerosas fugas del buque rojillo se habían tapado elegantemente. 

La suerte que nos sobró contra el Mallorca o contra el Betis, nos faltó esta tarde, ya que todo balón que se dirigía hacia la puerta gerundense se topaba con una defensa afortunada con todas las letras y con un inmenso Becerra. Sin duda, el mejor hombre del Girona.

Por otro lado, hay que echar la mirada al banquillo y en concreto a Jan Urban que parece que ha encontrado el equilibrio. Urban supo plantar cara y entrometerse en un 5-3-2 intenso, duro y ordenado, y lo que es más llamativo posicionó a una defensa sólida que pudo conservar la puerta a cero ante un equipo que ha marcado hasta hoy en todos sus partidos. Despertó aconsejándole a Miguel De Las Cuevas las entradas verticales y no las diagonales que sólo adormecían al equipo.

Osasuna parece que ha recuperado sus señas de identidad y hoy no abusó del juego plano sino que lo alternó con internadas por banda presididas por Javier Flaño y Miguel De Las Cuevas. Creo que Urban ha dado con un doble engranaje en el costado izquierdo de la defensa que tantos quebraderos de cabeza nos ha dado; hemos ganado seriedad y recorrido de la mano de Sisi y contundencia y seguridad de la mano de Nikola. Y para terminar, Urban acertó con un trío solidario arriba, fortalecido por un batallador y capaz Ansarifard, que se entiende y que enlaza con la dupla Raoul Loé - Javad Nekounam. Bravo.

Finalmente, como todo en la vida, no todo es de color rosa o un camino de flores y es por esto que no me entra en la cabeza como un entrenador puede realizar dos cambios (el de Jose García y el de Mikel Merino) a falta de cinco minutos para el final, igual que tampoco entiendo la salida de David García del equipo titular. 

Señores rojillos, cuando el río suena, agua lleva y hoy la banda derecha ha sido un río ensordecedor que provocó todo lo posible para marcar gol. Próxima parada, Anduva.

Tocados y hundidos

Hoy, en el Carlos Belmonte, no hemos sido testigos de un partido de fútbol por parte de los nuestros, sino de un esperpento desolador que sucumbe hasta al más forofo. ¿Dónde está la causa? Muy sencillo.

Hemos presenciado nuevamente un tímido "quiero pero no puedo" en el que este equipo está ahogado desde la temporada pasada fruto de errores de patio de colegio, de concentración, de carácter y de falta de ideas que el aficionado pide que sean renovadas a gritos. Jornada tras jornada, estos gritos se van agrandando con el fin de querer provocar un cambio drástico que resucite al equipo navarro de antaño.

Como ya mencioné y desglosé en mi anterior crónica "Cada mochuelo a su nido", Osasuna no debe renunciar a sus señas de identidad que le llevaron a dónde le llevaron y no debe estancarse en el juego "bonito" de toque plano desechando el juego práctico y rápido por banda. Y sin ir más lejos como ya hice la semana pasada, me remito al partido del Benito Villamarín en el cual el Deportivo Alavés logra adelantarse en el marcador gracias a una gran internada por banda y un gran centro que Juli materializa con un elegante remate, derrotando así el juego plano bético. Dicho esto vuelvo a insistir, quiénes mejores que Álex Berenguer y Kike Barja para materializar este tipo de sistema.

Muchos mencionáis y os preocupáis por el tema de los 7 profesionales que tienen que estar en el campo pero con la entrada de éstos (Álex y Kike) nos basta; dos flechas que provocarían el cambio drástico que necesitamos, la renovación ansiada y que tanto los resultados como la falta de carácter y actitud del equipo ponen en evidencia.

No debemos poner de impermeable ni las bajas, ni la marcha de los internacionales, ni otras excusas a los errores de bulto protagonizados por una desastrosa planificación deportiva que parten en la secretaría técnica y desembocan en el cuerpo técnico.

Es inconcebible que un 11 titular formado por un lento Miguel De Las Cuevas, un desaparecido Roberto Torres, un Kenan Kodro desubicado o un Javad Nekounam en la luna de Valencia vaya a provocar ocasiones para "asustar" al rival.

Y finalmente, si Iñigo De Frutos no está para debutar, ¿Miguel De Las Cuevas, Roberto Torres, Sisinio González... están para jugar? 

Señores rojillos, tocados y hundidos. En el Titanic quedaron supervivientes pero de este buque rojillo lleno de fugas no sé si saldrá alguno.

Cada mochuelo a su nido

Pasan los días, los meses, los partidos y por tanto las oportunidades de confeccionar un equipo sólido y con señas de identidad. Este equipo es esclavo de un pasado cruel que arrastra los males del "quiero pero no puedo". Entre estos males florecen la mala colocación sobre el césped y un equivocado sistema de juego que se basa meramente en el toque plano sin progresión. Así, ¿a dónde vamos?

Osasuna no debe renunciar a sus señas de identidad que le llevaron a dónde le llevaron y no debe ahogarse en el juego "bonito" de toque desechando el juego rápido por banda, es decir, el juego triunfador de Segunda División. Sin ir más lejos, me remito al minuto 26 del Recreativo-Albacete en el cuál los onubenses logran remontar el partido tras una gran jugada en la que Pedro Ríos encara por banda y justo en la línea de cal, centra para que el delantero la empuje al fondo de las mallas. Quiénes mejores que Álex Berenguer y Kike Barja para materializar este tipo de sistema.

Quiero creer que Urban está mediatizado tanto por la alineación como por la convocatoria, que en cierta medida pueden estar pensadas en función del mercado de invierno. Pero, independientemente de esta posibilidad no podemos caer en errores de colocación que matan al compañero de al lado, y así sucesivamente, ocasionando un fallo en cadena.

Este sábado pasado sufrimos un Alcorconazo II que se venía intuyendo durante toda la semana de entrenamientos en Tajonar. 

En primer lugar, si nos centramos en la línea defensiva, vemos el primer fallo convirtiendo a un central (Nikola) en lateral izquierdo teniendo en el banquillo a un lateral en esencia (Javier) que ya ha demostrado en incontables ocasiones ser el mejor hombre de la zaga junto a David García. Todo esto sin desmerecer el buen trabajo que realizó el serbio a pesar de su expulsión. 

En segundo lugar, nos encontramos con el error "de traca" que ya criticamos el día de Santo Domingo. Este error es el de poner a Miguel De Las Cuevas de pivote convirtiendo "a la fuerza"  a un gran pasador como Maikel Mesa en medio centro defensivo (intentando reemplazar a Raoul Loé) que acabó realizando faltas impropias de él fruto de su impotencia al no poder ejercer su función. El gol es un retrato del error de bulto de la colocación dónde la Ponferradina mete un balón a la espalda del doble pivote (Miguel-Maikel) plantándose ante un Miguel Flaño adormecido, un David García más preocupado de cubrir la posición de Miguel que la suya y un Ion Echaide por el suelo.

Y por último, me pregunto qué hace Kenan Kodro de extremo izquierdo siendo más efectivo por detrás de Nino. Con este nuevo error, se anulan las virtudes de Kodro pero también las de Nino que tiende a bajar en exceso para repartir juego o crear sus propias ocasiones. 

Para acabar, resaltar mi sensación agridulce bajando las escaleras de El Sadar pensando en la brillante actuación digna de mención de Miguel Olavide. Fue el único que encaró por  el centro y por la banda creando peligro a la meta de Ponferrada y poniendo en evidencia qué es lo que hay que cambiar.

Señores rojillos, disfrutaremos cuando cambiemos de sistema y pongamos a cada mochuelo en su nido. Próxima parada, Albacete.