Una lágrima recorrió mi cara, mis ojos miraban a la nada y a la vez contemplaban en los rostros más veteranos la tristeza por la pérdida de un verdadero rojillo que entendió los valores inherentes a la zamarra encarnada. La melodía encogió al Sadar y mientras, un equipo unido en piña como en tiempos atrás ensalzó el aperitivo del partido.
El equipo salió formando un 4-1-4-1 imprimiendo garra y agresividad navarra. David y Nikola aportaron tres cucharadas de azúcar y con seguridad supieron cortar la marrullería del Alcorcón. La pena fue ver la cojera de la banda izquierda, presidida por don Javier Flaño, que resultó un tanto insípida. Raoul Loé se encargó de colar los obstáculos y mantener un mayor orden táctico. El amigo Mateo le ha quitado la ardua tarea de construir juego. Roberto Torres y Merino, acompañados por Álex, y en menor medida por Kodro, vertieron dos cucharadas de zumo de limón para añadir acidez y verticalidad a la receta. ¿Lo consiguieron? A cachos. Necesitaron la ayuda de una mascarilla de oxígeno para terminar de seguir el libro "Cocina con Mateo". Nino, arriba, y Sisi, por la derecha, pusieron el calor necesario para que el caramelo se tostara en los momentos de bajón del equipo. El caramelo fue templándose durante casi toda la cocción gracias al gol de Torres pero justo cuando se iba a tostar, la sartén cayó al suelo. Primero, Jose García no acertó sólo ante Javi Jiménez; y después, el palo le tendió el balón a Guichón para empatar el partido.
Señores rojillos, a punto de caramelo. Osasuna dio señales de vida mediante los valores de antaño. Transmitió la idea de que el "quiero pero no puedo" va camino del "quiero y puedo". Estoy seguro que de Mendizorroza vendremos con tres caramelos bajo la bufanda rojilla. Próxima parada, Alavés.
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