domingo, 22 de marzo de 2015

En tierra de nadie

Llegaban al Sadar los arlequinados con el propósito de aguar la fiesta de graduación a los chavales y con el afán de romper en mil piezas el puzzle que tanto Urban como los jugadores habían conseguido completar desde hace cuatro partidos. No lo consiguieron, pero en cierto modo, estropearon los 29 puntos rojillos.

Saltaron los mismos hombres, salvo el sancionado Sisi que fue reemplazado por Echaide en el lateral derecho, para sacar las castañas del fuego ante un equipo que empezó concediendo metros en exceso y que sufrió de lo lindo en los quince primeros compases de partido.

Nuevamente, Merino y Olavide comenzaron con su recital de pases medidos al pie, con la suavidad en la carrera, con la elegancia en los tres cuartos de campo, con la visión fresca, animada y clara de un niño, con la motivación extra de querer demostrar su valía y por supuesto, con el corazón rojillo en un puño conforme transcurría el encuentro. ¿Algo más? Claro que sí, y además, negativo. Menos mal que al ordenado Iñigo Eguaras y al fiel amigo Collantes no les acompañó nadie porque mucho daño nos podrían haber hecho entre líneas. ¿Solución? David García. ¿Por qué esa manía de no querer ver el as que tenemos en la manga de la blusa? ¿Por qué tener miedo a poner las cosas en su sitio? ¿Por qué pensar que un trivote formado por David-Merino-Olavide sería dar un paso en falso? Por favor, que alguien me lo explique.

Volviendo al partido, me gustaría resaltar a Roberto Torres y mi sorpresa y contrariedad ante los pitos y las críticas hacia su persona. No me parece de recibo criticar hoy a Roberto, y reitero la palabra hoy. Gracias a sus continuos movimientos facilitó la vida tanto a la línea de delante como a la línea de detrás; y con esto me refiero a que tanto Miguel de las Cuevas como Kodro tendrían que haber aprovechado más y mejor los espacios. Partido muy digno del de Arre. 

Muchos de ustedes, acertadamente, pensaran que fue el armario sin pelo el culpable de nuestro empate. Pero yo voy a ir más lejos, no sé si acertadamente, pero creo que sí sensatamente. El mensaje, aquella palabra definida en el diccionario como recado que envía alguien a otra persona. Y es ahí donde yo quiero ir a parar. ¿Qué recado pre-partido merodea en el vestuario? Para mí, el mensaje no es el acertado. Hay que creer más.

En definitiva, mejoría en el juego empañada por una falta de criterio y picardía que provocaron la pérdida de dos puntos ante un Sabadell que no da pie con bola fuera de la Nova Creu Alta.

Señores rojillos, dos partidos cargados de ilusión en los que se escaparon cuatro puntazos dejándonos en tierra de nadie. Ah! Y no olvidemos que se está construyendo una cesta con mimbres alegres, felices y futuros que brillan sobre el césped. Próxima parada, Barcelona. 

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