lunes, 27 de febrero de 2017

Nuestra última bala

Otra vez ponte las medias, el pantalón corto y la camiseta para saltar a Tajonar. Otra vez dile a tu afición que en el próximo partido llegará la segunda victoria. Otra vez escucha a tu entrenador y aplica las reglas de las distintas tareas con diez puntos de setenta y dos posibles. Otra vez escucha el silencio de los cohetes de Tajonar en el ambiente. Otra vez resopla y asiente. Otra vez lunes. El proyecto se agota, y la Segunda División está más cerca que nunca. Osasuna no levanta cabeza, pero tampoco expresa dignidad por todo lo que conlleva el escudo y la historia. Para un aficionado ver alguna que otra sonrisa, siendo el segundo peor colista de los últimos cuarenta años, desespera y enfada. Lógico. ¿De qué va esto? ¿Realmente estos jugadores han venido a mejorar lo de la temporada pasada?

El partido en Cornellá fue de lo más extraño que he visto desde aquel 11 de mayo de 2014, y miren por donde, fue en ese mismo lugar. Tras la derrota injusta en Anoeta y el luchado partido ante el Real Madrid, solo quedaba conseguir, al menos, un triunfo de las dos salidas consecutivas. De nuevo, la casualidad puso a Osasuna en la misma secuencia temporal que en aquel maldito año 2014 para rematarse a sí mismo al pozo, Celta y Espanyol. Hemos superado juntos fechas dolorosas como aquel 18 de mayo de 2014 con la caída de valla que ponía la guinda a una temporada dramática, como aquel 17 de febrero de 2015 donde se acusó a Osasuna de golpear al fútbol español, como aquel 7 de junio de 2015 en Sabadell o como aquel 13 de enero de 2016 donde el juez Otamendi marcaba gol y sentencia favorable a Osasuna. Repito, todos juntos hicimos de nuestra oscuridad una virtud para enderezar el camino a Girona, y así fue. No obstante, queriendo o sin querer, hemos destruido la mayor bombona de oxígeno de la historia del osasunismo.

Ahora, no sé si es el mejor momento para exigir responsabilidades de un verdadero homicidio al club de nuestros corazones. Sinceramente, jamás hubiera sido tan fácil haberlo hecho bien cumpliendo a rajatabla un proyecto que nació en Segunda División. Aquí nadie se escapa de culpa, nadie, y me reitero en mi pensamiento de que no hemos tenido la paciencia conveniente, o por lo menos, algunos. Eso sí, las promesas realizadas en junio de este año no se fueron cumpliendo a lo largo del verano y la pretemporada lo confirmó con resultados desastrosos. Esta confirmación de una planificación en duda, a mi modo de ver, no nace en junio, sino en enero con la inexplicable venta de Mikel Merino.

El once ante el Espanyol puede tener un poco más de sentido del que algunos creen, y lo digo con conocimiento. Los entrenamientos de Kenan Kodro justifican su titularidad, pero no entiendo que un señor comprometido y que, ayer ejerció de entrenador en todo momento, no juegue ningún minuto en una verdadera final, Oriol Riera. La suplencia de Roberto Torres también la entiendo por su rendimiento actual, pero otras ausencias como las de Miguel Olavide o Aitor Buñuel tras entrenamientos muy bien trabajados me sacan del contexto de la racionalidad. Y es aquí donde miro al pasado y, hoy, justamente hace un año, Osasuna ganaba en Córdoba con ocho canteranos en el once más Nauzet, Pucko y Urko Vera. Insisto, yo no estoy afirmando que este año en Primera División se debería de haber jugado con la misma cantidad de canteranos, pero sí haber fichado más que a tres jugadores que mejoraran realmente la base de este equipo.

Señores rojillos, otra vez lunes y nueva derrota de Osasuna. El margen, si es que existe, es tan delgado como un espagueti antes de meterlo en la olla. Nos encontramos a nueve puntos de la salvación con cuarenta y dos puntos por jugar. En cualquier otra situación o, siendo sincero, en la dinámica de los partidos previos a Vigo y Barcelona seguiría con algún mísero atisbo de esperanza. La imagen mostrada roza la vergüenza y la falta de actitud, y si ante el Villarreal se repite la tragicomedia y no llega la victoria, el descenso de categoría será irremediable. Por lo tanto, no me queda otra que decirles, señores rojillos, nuestra última bala se juega pasado mañana. ¡Vamos rojillos!


lunes, 6 de febrero de 2017

Una ráfaga cotidiana

El hambre psicológico está en la olla y este factor alimenticio puede valer una permanencia muy jugosa. Tan viva como decaída es la sal que desala y no deja ser insípido a Osasuna. Nos vamos a salvar, y lo digo desde el principio por si les aburro antes de tiempo. No lo afirmo por puro forofismo o corazón sangrante. No me tachen de tal manera, yo no vendo humo, vendo realidad, y la realidad imposibilita creer en cálculos ridículos que no invitan a nada, sino que deprimen y engañan con una pizca de azúcar ficticio. Osasuna transmite y la única operación matemática a aplicar es la diferencia de puntos con el Leganés, y recortarla. Este equipo compite, alegra y hace disfrutar, pero para mucho más, tanto como para seguir en Primera. No hay manera, lo sé, y en esta especie de monólogo a la francesa me reafirmo y emparejo la situación actual con un partido en el que el larguero, un defensa bajo palos y las uñas del portero -ocurrió el domingo- evitan una y otra vez que el balón haga justicia acariciando la profundidad de las redes de la portería rival. La historia es así, y esto es fútbol, y Osasuna necesita victorias. 



El 5-3-2 en su versión neofutbolística crece, y con éste cultivan frutos sus semillas indispensables: los jugadores. Tanto Álex como Clerc estuvieron mejor que ante el Málaga, no por calidad, sino por regularidad. No obstante, el riesgo de este sistema de juego se cohesiona con las posiciones de los laterales largos que dejan en evidencia a los tres centrales al estar muy adelantados. Esta variante te proporciona superioridad en banda y llegar con más hombres a zona de creación de ataque, pero expone a la defensa en inferioridad si el rival tiene rapidez de circulación. Este es el problema y Osasuna lo ha sufrido ante Sevilla, Real Sociedad y Valencia, tres equipos con rápida circulación ofensiva y capaz de ser eficaz ante una defensa solitaria. El doble pivote formado por Fausto y Causic me pareció de lo más destacado de la temporada con las ayudas y manejo de balón de Miguel de las Cuevas por delante.

Entre estas dos líneas enunciadas esta el asunto y el truco de la receta, y a mi parecer ante el Real Madrid -rápida circulación y proyección ofensiva- retirar a un delantero para introducir otro hombre en el centro del campo puede ser interesante con el fin de evitar aguas cantábricas a las espaldas. La fórmula se justifica en un "trix" dejando al pivote defensivo -Fausto o Raoul- como cuarto central y dejando en posición fija al otro pivote defensivo ante las subidas de Álex y Clerc creando un 4-1-4-1 en ataque. 

Señores rojillos, una ráfaga cotidiana. Tenemos gol y somos profundos, pero nos falta un seguro de responsabilidad defensiva que creo que se puede solucionar con mi humilde alternativa propuesta. ¿Por qué no intentarlo? No se vuelvan locos con las cuentas, el as de nuestra supervivencia en Primera está en recortar puntos al conjunto madrileño. El querer remontar y casi conseguirlo tras el 3-1 injusto de la Real Sociedad, es un síntoma de que este vestuario está caliente y puede desembocar en una permanencia que ni mucho menos es inalcanzable. Si se cree, se puede. El tiempo apremia y ante el Real Madrid debe llegar la primera victoria. Osasuna nunca se rinde.