martes, 22 de noviembre de 2016

Atontados, y no lo digo yo

Infame, y no se me ocurre nada peor porque es mejor que no lo escriba. Hacía mucho tiempo que no veía un partido tan huérfano de Osasuna, hasta el punto que me daba miedo y vergüenza levantar la cabeza. Atontados, y no lo digo yo, lo expresa el equipo y lo dice el único jugador que esta temporada no ha tirado la toalla al suelo más que para ducharse en el vestuario, Sergio León. Poca o ninguna autocrítica se ha dejado emerger hasta el día de hoy, y lo de ayer fue la guinda blanda que va con el peor mosto servido. El panorama es de alerta negra y huele a podrido, sobretodo por el calendario, pero he de dejar claro que el Atlético de Madrid no es excusa para poder poner en práctica lo que todos queremos: actitud, intensidad y empuje durante los noventa minutos. Me da igual el resultado si Osasuna aprieta defendiendo sus valores históricos y morales, en ese caso disfrutaré.

El apartado táctico tampoco mejoró y siempre dije que la idea de Martín era positiva, pero excesivamente previsible y reincidente en abandonar el centro del campo. Ayer, Caparrós se desesperó, solo había que echarle una ojeada, porque en su sistema es vital que los centrales, o por lo menos uno, sean capaces de sacar el balón jugado. Si en Osasuna los centrales son incapaces de salir con el balón, y si a este factor real le sumas un doble pivote defensivo que no baja para distribuir juego, se ocasiona un bloqueo interno que permite al rival, con una simple presión, recuperar en zona peligrosa. Fuentes es la pesadilla hecha realidad y confirma su posición de "paquete adicional" en el mercado de fichajes. No obstante, a este lateral izquierdo descubierto se le puede recubrir con gente de la casa que seguro que no cubren los laterales peor: Julen Hualde o Endika Irigoyen. La pareja de centrales han agotado mi paciencia tras doce jornadas sin personalidad ni orden ni colocación. El diploma de graduado está en el lateral derecho, mi querido Tano, un buen central que resolvió como pudo el puzzle de cien piezas con tan solo setenta y tres. ¿Por qué no alineamos a Tano en el centro de la defensa -el mejor central por arriba y con personalidad- y adornamos con un par de Buñuelos el lateral derecho?

Los espacios en el doble pivote sentenciaron un 4-2-3-1 en el que Oier y Fausto jamás estuvieron juntos. Me quedo con los minutos de Causic porque puede ser una buena alternativa de cara a jugar con un doble pivote con más salida de balón. Numerosas son las fórmulas que se me ocurren con el fin último de impedir la salida de balón por el centro, algo que no sabemos, aunque nos queramos empeñar. Por lo menos, hasta que Mikel Merino no asome la cabeza por Pamplona. La salida directa por el lateral y jugar con el extremo de manera inmediata es una de ellas, pero para poder ejecutarla urge el cambio de nombres en los laterales. El saque directo del portero para aprovechar las segundas jugadas con los recogedores del centro del campo es otra alternativa, pero para ello necesitamos a Oriol Riera junto a Sergio León. En definitiva, negar la salida de balón a los centrales y en dos o tres toques máximo abrir a banda para evitar pérdidas y esconder nuestras incapacidades.

Señores rojillos, como dice Sergio, "parece que nos tienen que marcar gol para espabilar", y esto no puede seguir así. Osasuna debe jugar sencillo, atacar con las bandas abiertas, defender muy juntos -centro del campo con defensa-, es decir, que el equipo no se parta, y siempre ha de morir matando. Próxima parada, Atlético de Madrid.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Jamás te olvidaré, Enrique

Querido amigo,

Sí, Enrique, esta es mi carta de agradecimiento. Empezaré y terminaré diciéndote que el fútbol sí tiene memoria. Jamás olvidaré tus brazos abiertos corriendo la banda de la Nova Creu Alta, jamás olvidaré tu camisa blanca prácticamente despechugada por las circunstancias, jamás olvidaré verte aplaudir a ese fondo rojo de Sabadell, jamás olvidaré mis lágrimas y las de mi madre con un gol que tú potenciaste, jamás olvidaré tu mirada al cielo de Córdoba acordándote de tu padre, jamás olvidaré al equipo del ascenso -un equipo hecho por ti a tu imagen y semejanza-, jamás olvidaré las alegrías de tú trayecto, jamás olvidaré tú sonrisa ingenua e interminable partido tras partido, jamás olvidaré a ese osasunismo fuerte y unido por ti, jamás olvidaré tus manos en la cara tras haber estado cinco minutos en el vestuario de Montilivi reflexionando, jamás olvidaré tus "solo cuarenta y cinco minutos, no hay más", jamás olvidaré tu americana con pañuelo azul y tu grito al cielo ante el Alavés, jamás olvidaré tu libreta intensa ni tu pañuelico de San Fermín ante el Nàstic, jamás olvidaré ese manteo con un olor y un color especial, jamás olvidaré ese "somos un equipo" en el centro del campo de El Sadar contigo en el círculo girando sin parar como un niño.

En sí, jamás te olvidaré, Enrique, porque recuerda que si somos un equipo, lo somos por ti, y que si por fin, volvimos a defender nuestros colores con el corazón, también fue por ti. Tú hiciste y has hecho de este trayecto algo diferente, algo que en este mundo llamado fútbol ya no existe. Has resurgido el amor y el sentimiento por el equipo de tu vida y de mi vida, Osasuna. Osasuna sigue porque tú más que nadie sabe que este club de fútbol no es como los demás. Es coraje, es educación, es acogida, es lucha, pero, sobretodo, somos nosotros, toda la sociedad navarra. Este sentir nos lo has pintado tú en lo más profundo, en nuestro corazón, ese que tú ensalzas y que a punto estuviste de dejártelo sobre tu casa. Sé que eres un poco cabezón y sé que terminarás muriendo por Osasuna. Eso sí, aunque nunca te irás y volverás, he de reconocer que me quedo un poco huérfano.

Enrique, me quedo con lo siguiente, "un sentimiento mamado desde crío es un valor difícil de igualar", al igual que es difícil de igualar lo que tú has hecho por Osasuna, en gran parte le has salvado la vida.

 Gracias y hasta siempre, Enrique.






sábado, 5 de noviembre de 2016

Oier y nadie más

Osasuna presiona al rival, desborda por banda, mantiene la posesión necesaria en casa, contiene el medio con superioridad defensiva, muerde y sabe a lo que juega. Demasiado real, lógico y racional como para ser verdad. El panorama es de alerta negra y Osasuna jugando así en casa garantiza al rival, como mínimo, un empate. "Overbooking" en defensa y en la delantera, y "underbooking" en el centro del campo.

Osasuna desprogresa y, permitidme que les diga, si no hemos sido capaces de ganar hasta el momento frente a rivales como el de hoy, agárrense fuerte al "yo no bajo" con uñas, dientes y lo primero que encuentren. Si no hay centro del campo es porque Martín quiere que no haya. Ahí nace la causa de un bolo de lana con espinas que abre la piel de una defensa de cinco a la que, salvo Oier, sólo les falta un cono de papel de churros con chocolate para poder seguir viendo pasar la tarde dulcemente. Sí, señores, meto a Álex Berenguer en el mismo saco, pero en sentido diferente. Tal vez un poco de azúcar le venga bien para reponerse de la paliza a la que está sometido. Álex es matador arriba y para cuando sube sus ideas ya están fundidas.


Sin rumbo por la soledad de un buen pivote defensivo como Fausto que resuelve minuto a minuto cada marrón que se encuentra. Ni Roberto Torres ni Miguel de las Cuevas bajan a ayudarle, a pesar de que el segundo hoy estuvo mucho más participativo en este aspecto. ¡Qué remedio! El rival penetra a Osasuna con facilidad tratando a los tres centrales como juguetes de segunda mano. Me reitero en mi idea de que la acumulación no te aporta la seguridad defensiva, sino la compañía por delante. Las basculaciones son lentas, la segunda línea se queda aún más desnuda y lo único esperanzador y con sentido que he visto hoy desde el banquillo ha sido la entrada de Antonio Otegui para ganar más posesión y dinamismo.

Perdonen que les diga, pero contradiciendo a Martín, yo sí creo en sistemas de juego porque estos números de teléfono te hacen contactar con el objetivo que quieres comunicar. Este 5-3-2 por las razones ya expuestas evitan la creación, merman las cualidadades de Roberto y Miguel, y hunden a Osasuna en el descenso. Lo que más me preocupa es la falta de reacción, el hacer ver que todo va bien y el no contar con jugadores vitales como Jaime Romero o Miguel Olavide. Así pues, la misma historia de todos los días, me lleva a que mi Osasuna me duela. Oier y nadie más, no por calidad, sino por contundencia, ilusión y ganas.


Señores rojillos, el cambio no puede alejarse más y ahora llega un parón muy jugoso para dar vuelta a la tortilla, a la tortita o a lo que haga falta. El Sadar es una ONG con dieciséis puntos donados de dieciocho posibles. Ya vale, por favor. No puedo con la cabezonería, con el no querer aceptar los fallos propios que engordan aún más la bomba de despropósitos que es Osasuna y con el conformismo mezclado con el "hay que gozar". Así, yo no gozo, y creo que sólo un forofo radical lo haría. No somos tontos y estamos cansados. Próxima parada, parón y al rincón a pensar.