lunes, 14 de noviembre de 2016

Jamás te olvidaré, Enrique

Querido amigo,

Sí, Enrique, esta es mi carta de agradecimiento. Empezaré y terminaré diciéndote que el fútbol sí tiene memoria. Jamás olvidaré tus brazos abiertos corriendo la banda de la Nova Creu Alta, jamás olvidaré tu camisa blanca prácticamente despechugada por las circunstancias, jamás olvidaré verte aplaudir a ese fondo rojo de Sabadell, jamás olvidaré mis lágrimas y las de mi madre con un gol que tú potenciaste, jamás olvidaré tu mirada al cielo de Córdoba acordándote de tu padre, jamás olvidaré al equipo del ascenso -un equipo hecho por ti a tu imagen y semejanza-, jamás olvidaré las alegrías de tú trayecto, jamás olvidaré tú sonrisa ingenua e interminable partido tras partido, jamás olvidaré a ese osasunismo fuerte y unido por ti, jamás olvidaré tus manos en la cara tras haber estado cinco minutos en el vestuario de Montilivi reflexionando, jamás olvidaré tus "solo cuarenta y cinco minutos, no hay más", jamás olvidaré tu americana con pañuelo azul y tu grito al cielo ante el Alavés, jamás olvidaré tu libreta intensa ni tu pañuelico de San Fermín ante el Nàstic, jamás olvidaré ese manteo con un olor y un color especial, jamás olvidaré ese "somos un equipo" en el centro del campo de El Sadar contigo en el círculo girando sin parar como un niño.

En sí, jamás te olvidaré, Enrique, porque recuerda que si somos un equipo, lo somos por ti, y que si por fin, volvimos a defender nuestros colores con el corazón, también fue por ti. Tú hiciste y has hecho de este trayecto algo diferente, algo que en este mundo llamado fútbol ya no existe. Has resurgido el amor y el sentimiento por el equipo de tu vida y de mi vida, Osasuna. Osasuna sigue porque tú más que nadie sabe que este club de fútbol no es como los demás. Es coraje, es educación, es acogida, es lucha, pero, sobretodo, somos nosotros, toda la sociedad navarra. Este sentir nos lo has pintado tú en lo más profundo, en nuestro corazón, ese que tú ensalzas y que a punto estuviste de dejártelo sobre tu casa. Sé que eres un poco cabezón y sé que terminarás muriendo por Osasuna. Eso sí, aunque nunca te irás y volverás, he de reconocer que me quedo un poco huérfano.

Enrique, me quedo con lo siguiente, "un sentimiento mamado desde crío es un valor difícil de igualar", al igual que es difícil de igualar lo que tú has hecho por Osasuna, en gran parte le has salvado la vida.

 Gracias y hasta siempre, Enrique.






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