La estación de la Pulmonía abría sus puertas y los tornos de entrada estaban calientes. Los primeros forfaits de la temporada corrían de mano en mano y los rojillos cogieron el arrastre con todas las ataduras y cuidados bien ligados. La lista de la compra de Martín se fue a la nieve, y así le fue a Osasuna. ¡Ojo que voy rápido!
Por historia todo hacia presagiar que el alud iba a ser más que evitable. Sin embargo, por juego, ideas balompédicas y últimas sensaciones la esperanza no era la de una nevada calmada sino la de una fuerte ventisca entre cordilleras difíciles de superar. Enfrente, un Valladolid con la lección aprendida, con una presión alta gracias al impulso de sus bastones y unas focas bien fijadas debido a que eran los líderes de las cuatro últimas bajadas. Los pinos de la montaña no iban a impedir una crítica a la alineación de Osasuna de muchos espectadores tras las vallas publicitarias. A pesar de ello, yo no la vi mal y así lo expresé. Aún así, si que eché de menos la presencia de Álex, Pučko u Olavide.
La carrera arrancó. Osasuna patrocinado por un acertado planteamiento de Martín atacó sin cuñas de por medio. Se hizo lo que se debió hacer. Los de Portugal encogieron al Zaragoza con una medicina heladora de sangre. Me explico, presión muy alta, equipo muy compacto, perfectos repliegues y mucha capacidad para sacar el balón jugado deslizado como si de una bola de nieve se tratara. Así pues, como ya he dicho, los rojillos no salieron con la cuña puesta sino con los esquís bien rectos y decididos a robar el balón en campo contrario evitando así la construcción de una bajada vallisoletana limpia. Tanto Lotiés como Merino se encargaron de soltarle las botas por detrás al bueno de Álvaro Rubio (eje del Pucela), y los carrileros e interiores (Aitor, Javier, Martins y Torres) llevaron las "patatas calientes" a las mochilas alpinistas de los zagueros blanquivioletas. Tras la expulsión de Marcelo Silva y la salida de Lotiés, Osasuna se encontró con una malas bañeras en el tubo nevado ya que Merino se quedó sólo en el pivote. El bueno de Otegui lo solucionó. ¡Slalom! Esquiazo de fortuna y Nino entre siete hacia sonar la sirena de alta mañana. Para terminar, dos pequeños apuntes. En este sistema no veo a Roberto Torres y ya criticamos en su día que este chico en banda esta más perdido que un pingüino en la sabana. Veremos que ocurre. Y el segundo toque va para los dos García, ¡ni Beckenbauer!
Señores rojillos, slalom. Hace unas jornadas criticaba de manera constructiva que Osasuna era primero, pero no líder. No pedía la excelencia, pero si cuestiones básicas. Ayer, Osasuna me lo dio y espero que siga siendo así. ¡Ah! Una pregunta. ¿Qué pensaran todos aquellos entrenadores que pasaron por Osasuna y no confiaron en Tajonar? Próxima parada, Alcorcón.
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