Hola, les cuento. A mí manera, claro. Parece ser que le hemos cogido por fin el gusto a esto de jugar a fútbol. Osasuna juega y gana, pero lo más importante es la forma. Salir a un campo como el Arcángel y ante un rival preparado única y exclusivamente para ascender con ocho chicos de la casa no tiene precio. Como ya se intuía, el Córdoba iba a presentar un fuerte centro del campo y la duda era qué dos hombres de cuatro disponibles iban a ser los encargados de imponer juego y músculo. Eddy Silvestre y Markovic no lo tuvieron nada fácil, y sobretodo, gracias al doble pivote ansiado alineado por Martín. En definitiva, de manual y digno de análisis la transformación del 4-2-3-1 al 4-4-2 rojillo.
La prueba no comenzó del todo tranquila para ninguno de los dos equipos -ocasiones de Miguel Flaño, Urko Vera, Florin Andone y Pedro Ríos-. Si el partido despertó así fue por la virtud de un Osasuna que se negó a especular. Poco a poco, Mikel Merino y Roberto Torres en la sala de máquinas y un descarado Antonio Otegui por delante fueron adueñándose del centro del campo y haciendo recular al doble pivote cordobés. Es más, de ahí viene el repentino cambio de José Luis Oltra en el descanso. Víctor Pérez entró por Markovic con el fin de lograr más presencia, pero sobretodo claridad en la salida de balón ante la presión alta de Osasuna. Las continuas progresiones de Álex Berenguer por la izquierda y Pucko por la derecha limitaron mucho las subidas de Cisma y Stankevicius. Los rojillos, al igual que con una defensa de cuatro, también están más que cómodos con dos bandas puras. Martín realizó todo lo que muchos veníamos pidiendo y resultó realmente satisfactorio. A mi modo de ver, ha encontrado con Pucko a su "Neymar de derechas" y, además, ayer pudo certificar que la banda izquierda tiene dueño y que un doble pivote adoptivo es mejor que uno solitario. ¡Qué calidad tiene Roberto en esa posición!
Martín comprobó que el Córdoba recuperaba sensaciones con la entrada de Víctor Pérez. Fidel y Pedro Ríos comenzaron a entrar más en juego y el de Campanas no tardó en sacar a Antonio -espectacular ofreciéndose en zonas interiores- para dar entrada a Miguel de las Cuevas y juntar un poco más las líneas en un 4-4-2. Brillante. Mikel y Roberto se mantuvieron dirigiendo a Osasuna y marcando las bandas. Sin embargo, los rojillos optaron por jugar más por el interior y la prueba radica en la jugada en la cual Merino introduce un pase interior magistral para De las Cuevas y éste intenta el pase de la muerte para Urko Vera. La clase del alicantino gracias al acierto de Martín al darle libertad de movimientos fue clave para impedir que los blanquiverdes crearan juego y se animaran a ir al ataque. Las entradas de Nino y Kenan Kodro dieron a Osasuna resistencia y consistencia -sobretodo en el cambio de bandas con Álex por la derecha y Kenan por la izquierda-. De repente y sobre el soplido final del árbitro, ¡pim, pam, pum! Asistencia brutal de Nino tras una secuencia de fallos en el despeje de Deivid y Héctor Rodas para que un providencial Berenguer enviara un telegrama "de Primera".
Señores rojillos, de Primera. La licencia para soñar no nos la quita nadie y menos ahora que Martín nos ha enseñado que es capaz de guardar la defensa de cinco -algún día será útil-, mostrar un doble pivote creativo -Merino y Torres-, barnizar con dos bandas puras -Pucko y Álex- y jugar a un fútbol basado en la insistencia por dar pasos al frente que impide el avance del rival. En Segunda sí se puede jugar al buen fútbol. A tus pies, Martín. Próxima parada, Lugo.

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