El golpe sobre la mesa se quedó en agua de borrajas por no decir de coliflores. La alineación de Martín fue brillante si nos centramos en conceptos como la agresividad, la ambición y el creer en sí mismo. ¿Por qué Osasuna no iba a poder ganar en el Ángel Carro de esa manera? El Lugo es un equipo, que cómo se pudo comprobar en la Romareda y durante el transcurso del partido, al que le gusta el manejo de balón con un Seoane centrado y dos jugadores como Campillo y Carlos Pita ejerciendo de volantes con el fin de ofrecer una alternativa. La entrada de Jonathan Pereira fue muy inteligente por parte de José Durán con el fin de buscar las cosquillas a Oier en el lateral derecho. Los gallegos buscaron durante toda la primera parte las transiciones en velocidad de Pereira e Iriome a la espalda de nuestros laterales fijos. Ahí, y en los pases por el centro de la defensa nos ganaron la partida, y nos hicieron recular como nosotros hicimos recular al Córdoba la jornada pasada en muchos tramos del partido. ¿Nos quisimos gustar en exceso? Las paredes en nuestra propia área, los pases entre centrales y una excesiva combinación por detrás del doble pivote facilitaron mucho los conceptos al Lugo.
Al término de la primera parte, el partido estaba pidiendo un cambio de hombres en la sala de máquinas. Antonio Otegui estuvo desaparecido y apagado por la poca claridad de las líneas de atrás que no supieron sortear la presión intensa del Lugo. Tal vez el plan B llevaba nombre propio, Manuel Sánchez por Antonio con el fin de dejar un hombre fijado atrás junto a Mikel Merino y así dejar a Roberto Torres como punta en el triángulo. Martín no lo vio de esta manera y Osasuna no pudo hacerse dueño del encuentro. Dicho de otro modo y volviendo a la idea inicial, abusamos de una excesiva posesión en nuestro campo que no sirvió de nada más que para facilitar la presión rival e impedir nuestro avance. Parafraseando a Martín, ¿hay que jugar? Sí. Pero a partir del centro del campo.
La ansiedad de Urko Vera está lastrando al equipo, pero sobretodo a él mismo. Parece ser que nuestros delanteros nunca tienen gol y la ocasión del remate de cabeza tras el centro de Miguel de las Cuevas pudo cambiar totalmente el resultado. Sinceramente, ahora mismo, echo mucho de menos a Nino y creo que su trabajo no puede compararse con el de Barakaldo. Nino cae a banda con el fin de ayudar al extremo o al lateral, baja al centro del campo con la finalidad de desatascar a los medios y desahoga las zonas interiores. Ayer, se necesitó mucho de todo esto. Eso sí, no seré yo el que critique constructivamente a un jugador por fallar ocasiones, pero sí por su juego y sus decisiones finales.
Señores rojillos, ampliación de plazo. Martín quería llegar a los cincuenta puntos que dicen que garantizan la permanencia en cinco partidos, pero no va a poder ser posible, al menos, hasta que llegue el Tenerife. Cuando mejor pintaban las cosas y cuando los rojillos más se acercaron y empezaron a combinar a partir del centro del campo y en banda, llegó el gol del Lugo tras un fallo de marca que no debería de haber ocurrido nunca. Espero que Martín no renuncie a este sistema que nos va a dar muchos triunfos y que inculque el concepto de "jugar a partir del centro del campo". Próxima parada, Alavés.

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