Mucha ilusión y esperanza al ver que el bueno de Martín ensayaba con mi propuesta tras la última jornada. Un 5-4-1 marcado y de verdad. Un doble pivote formado por Oier y Manuel, dos extremos pronunciados -Pučko y Berenguer- y arriba el hombre encargado de materializar la solidez defensiva, las contras a una lenta defensa y los centros de los extremos, Urko Vera.
La razón era más que lógica pensando en un correoso rival que no concede los tres puntos desde hace once meses. El Leganés iba a dejar patente que es un equipo por encima de cualquier individualidad, y así lo hizo. Los de Butarque estaban ahí por y para algo; y con un fuerte enlace -Sastre y Gabriel-, dos extremos punteros -Omar y Szymanowski- y un "nueve" veloz como Rubén Peña podían hacer daño a cualquier inocente sentenciado a un código rojo.
Martín volvió a errar y la situación ya es de código rojo si es que nuestro objetivo es ilusionarnos hasta el día del Tartiere. No es de código rojo por situación actual, sino por posible proyección futura. Así no vamos a ningún ático y en el derecho la reincidencia de faltas se convierte en delito. El código rojillo está rojo y la reincidencia va hasta el extremo. El 5-4-1 no fue con doble pivote ya que Oier y José García jugaron por delante de Manuel dejándole sólo en más de una ocasión. ¿Las ayudas? Inexistentes. De ahí las faltas y la expulsión del cordobés. Si nos vamos a la vía del tren derecha, la alineación de Tano la habría entendido si por delante hubiera jugado Berenguer con el fin de tapar más el lateral. Sin embargo, el carril derecho se quedó cojo y huérfano.
Cada jornada que pasa se me queda la clara del huevo increíblemente transparente. José García no puede jugar en este equipo de inicio y es realmente doloroso pensar en que nos estarían dando Olavide y Berenguer. En la segunda parte mejoramos, y encima, con un hombre menos dejando en evidencia a Martín. Si Osasuna renuncia y comete reincidencia ante el Zaragoza seguiremos bajando puestos en la tabla y la situación ya no será de código rojo, sino de juzgado de guardia.
Señores rojillos, Manuel es un jugador lento y, que a pesar de su buena colocación, requiere de un jugador a su lado. Ni ustedes, ni Martín, ni yo queremos tirarnos de la subasta por el ático antes de tiempo, por lo tanto, pongámosle remedio. Yo quiero entender a Martín y probablemente los tiros vayan por donde creo que van. Sin embargo, el partido dura noventa minutos y no cuarenta y cinco. Próxima parada, Zaragoza.

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