Muchas cosas revolotean por mi cabeza como si de canarios dándose de tortas en una jaula de pacotilla se tratase. ¿Primeros o líderes? ¿Nos lo creemos? ¿Asumimos el papel de líder? ¿Nuestro centro del campo planta cara al rival? Muchas preguntas, muchos conceptos, y no siempre con una misma respuesta o un mismo contenido. ¡A la faena!
Mis sensaciones con otro hombre en el centro del campo eran distintas a días anteriores, eran positivas y me hacían creer en que se podía romper la maldición chicharrera. Sin embargo, nos quedamos como el Benfica en Europa, a dos velas y malditos. El duelo comenzó de la mejor manera posible. Roberto Torres se encargó de que el ¡pim, pam, pum! particular se convirtiera en un chicharro desde 25 metros. Aún así, esto no sirvió a Osasuna para tapar huecos y los tinerfeños más ratones que canarios se adentraron entre los agujerillos que tanto Merino como Roberto dejaban. ¿Qué pasó? Lo de los últimos días. Maikel sólo y a sobrevivir. Muchos detalles a pulir y la falta de creer en nuestra "nueva estancia" no nos permitieron exprimir al máximo nuestro zumo trabajado. Había que poner remedio al verdadero "carnaval" de Vitolo, Alberto, Omar o Cristo. En sí, había que creérselo más. ¡Al palo! Fantástico pase horizontal en la frontal del área de Nino y Torres a la madera. Tras el posible 0-2 encadenamos sucesivos errores en el repliegue y más tarde, tanto Nauzet como Oier no atinaron. 1-1 y a la caseta.
Más de lo mismo, pero una gran entrada de nuestro mariscal de fatigas hizo aún mejor un sensacional córner del de Arre. El Tenerife tembloroso y agazapado por su público sacó toda su ira en forma de marrullerías y codazos a destiempo, pero Merino de una manera u otra sostenía el centro del campo. Vital. A pesar de nuestro ingrediente secreto, decidimos coger un saco de piedras del Teide y tirárnoslas en nuestro propio ático. Olavide por Merino y lluvia de rocas de lava a la espalda de la defensa rojilla. ¿No habría sido más lógico quitar a un defensa y tomar las riendas lejos de nuestra portería? Martín parece que vio su error, y digo parece porque tal vez para él no fue un error, y dio entrada a un quasi-recuperado Jordan Lotiès para dotar de músculo al centro del campo. Para mí, acertado. La falta de creernos que eramos (y somos) líderes y el no saber que hacer ante 9 jugadores nos hundió en la más profunda miseria en el último suspiro de partido. Aún así, dejando a parte lagunas y fallos imperdonables, Osasuna demostró su esencia en un campo y ambiente difíciles. Chapeau por Martín, cuerpo técnico y jugadores.
Señores rojillos, con 20 puntos apliquemos crítica constructiva si es precisa. Ante el Girona tenemos que entonar el "yo creo" con más fuerza. Bajamos a Segunda por conformismo. No pequemos ahora de conformistas. Somos primeros, pero no líderes. No pido la excelencia, pero sí cuestiones básicas como un doble pivote ante una fuerte presión rival o el saber jugar cuatro minutos un 11 contra 9. Próxima parada, Girona.

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