No quiero hacer una mera comparación con la temporada pasada en la que caímos por el mismo resultado, pero si que me gustaría dejar claro que lo de ayer fue un 3-0 diferente, e incluso engañoso. ¿Por qué? Sin medias tintas, vamos a ello.
Ambientazo de Primera, hermandad entre aficiones, un centro histórico teñido de rojo y más de una grada llena con 5000 rojillos haciendo botar los cimientos de Mendizorroza. Los ingredientes perfectos para salir más que enchufados a un derbi tosco. ¿Tosco? Miren los banquillos.
Los de Bordalás salieron más insistentes que los de Martín y de esa insistencia babazorra nació su intensidad. ¡Pim, pam, pum! Falta lateral innecesaria y remate solitario de Toquero para hacer el primero. A raíz de ahí, todo fue un toma y daca, pero Osasuna no salió bien parado. Más sombríos y con menos luz que otras veces, nos vimos superados en el centro del campo. ¡Mi máxima preocupación pre partido! Los babazorros ya avisaron en la Romareda como jugar de tú a tú a un buen equipo. Sergio Mora al medio para fortalecer la presión e impresionantes ayudas tanto de Carpio como de Manu García. ¿Habria sido interesante meter a Oier en el medio? Nunca lo sabremos.
Martín vio en el descanso que un cambio en el centro del campo era más que necesario, una cuestión de vida o muerte. Más que nada había que evitar los continuos pases verticales a la espalda de la defensa rojilla buscando a Juli, Pacheco y Toquero. Mikel Merino por Maikel Mesa a los dos pases de la segunda parte. Osasuna tomó el timón y Olavide se hizo más grande haciendo de "tiralíneas" y ejerciendo de hombre vertical. Sin embargo, ayer, ni Torres ni Pucko se encontraron. La entrada de Álex fue el revulsivo perfecto y enloqueció aún más la banda izquierda. ¿El remate? Debajo de las medias. Tras numerosas ocasiones claras para empatar, el Alavés aprovechó el paso al frente de Osasuna para sentenciar en otras dos ocasiones. Tres ocasiones, tres goles.
Señores rojillos, tal vez no sería justo hablar de injusticia, pero si de un resultado engañoso. Ahora sólo toca resarcirse y pensar en los del Carlos Belmonte. ¡A por ellos!
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