Por segunda jornada consecutiva bajaba un tanto estupefacto al Sadar ante la melancolía alegre y abandono satisfactorio que sufría amablemente Osasuna por la parte de arriba de la tabla. ¡Sólos marcando el paso! En frente no teníamos un buen contrincante para escalar, un equipo al que ninguna montaña ni ningún sistema habían vencido.
Tras el minuto de silencio en memoria de un buen navarro y osasunista, Ignacio Zoco, el achar que tenían los dos equipos se divisó en el Sadar. A priori, un lugar de paso estrecho y obligado en el que la adherencia a las rugosidades de la piedra era fundamental para llegar a lo más alto en solitario.
El Lugo se puso el anorak tomando precauciones con una línea de cuatro asegurada por el bueno de Fernando Seoane y arriba fuertes corrientes como las de Pita, Igor ó Caballero. Osasuna, en sintonía con lo ya visto hasta ahora, aplicó la "bavaresa". Miguel, Unai y David se cogieron a la fisura con las manos y la " testa", Oier y Javier arquearon el cuerpo con el fin de conseguir eficacia por banda, y Mikel Merino, ante la menor ayuda de Roberto y Olavide, tuvo que hacer fuerza con los pies en la pared de tal forma que el plan de Luis Milla de cogerle la espalda y asfixiar su cinta americana se fuera al traste.
¿Y qué decir de Nino y Pucko? Del primero únicamente maravillas porque el ponerse los crampones cada partido con el fin de lograr el respiro y la mayor adherencia al barro, al hielo o a la nieve de todo el equipo no es fácil. Y del segundo que se ponga más barritas energéticas en la mochila (a pesar de su lesión) porque Álex Berenguer está más que capacitado. Esto es lo bonito, cualquiera puede hacerlo bien.
¡Pim, pam, pum! Miguel Olavide tras realizar una jugada "marca de la casa" y abrir a banda ocasionando el primer resbalón del Lugo desencadenó el nerviosismo y colgó los descensores a los gallegos. Tan simple como decir que Osasuna es una cordada capaz de superar cualquier espolón y cornisa difíciles de superar. Una, dos, tres y hasta cuatro estalactitas tiraron los de Martín a los de Milla.
Señores rojillos, Osasuna divisa el diente y puedo decir, una semana más, que la cumbre es escarlata. Próxima parada, Vitoria.
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