En esto del fútbol sólo hace falta fardar un poco en cuanto a resultados y posición clasificatoria para que te pillen la libreta. Martín, como es lógico, habla como líder y deja la batuta del cambio a otros. En gran parte, lo comparto, pero cuidado porque ya estamos más que avisados.
Tras el 3-0 de Vitoria, la alineación de ayer no me traía buenas sensaciones. Más que nada, Luis César Sampedro iba a imitar el doble pivote de Bordalás con caras nuevas, las de Núñez y Edu Ramos. La labor de éstos no era otra que la de presionar a un solitario Mikel Merino y a los dos hombres encargados de construir juego de ataque, Roberto y Olavide. ¿Resultado? Bloqueo y precipitación en la sala de máquinas.
Arrancó el partido y el "queso mecánico" comenzó con su propia receta. La presión, el bloqueo, y por lo tanto, nacieron las dudas en Osasuna. Dos de los hombres más peligros del Albacete, Portu y Samu, se aprovecharon de los continuos espacios. Sin embargo, su inocencia y las interesantes cabalgadas de Álex Berenguer y Javier Flaño no sacaban a Osasuna del partido, y de ahí, sonó mi particular ¡pim, pam, pum!
Apertura de Nino a banda, recorte de Javier hacia fuera, pase atrás a Nino dentro del área y golazo al palo contrario de Juan Carlos quitando las telarañas. Vamos, verticalidad pura y dura. Tras el 1-0 y la mosca pesada del doble pivote del Albacete, ¿no habría sido más inteligente meter a Oier en el medio con Merino pasando a una defensa de cuatro con Tano como lateral? Nunca lo sabremos.
Señores rojillos, entre que nos han pillado, entre que el queso no dejaba de rallarnos y entre que Nauzet detuvo un penalty, fue el partido más sufrido hasta ahora. A pesar de todo, tres nuevos dulces más para decorar nuestro ático. Próxima parada, Santa Cruz de Tenerife.
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