Mateo, ¡qué fracaso! Mismo planteamiento, mismo resultado. Así de simple. Tan simple como recordar que Osasuna se jugaba parte de sus noventa y cinco años de vida en Montilivi. Y a punto está de dejarnos sin más historia que contar.
Pocas esperanzas tenía en una idea de juego ilógica por los cuatro costados. Era de "28 de diciembre" saltar al campo con el 4-2-3-1 habitual para combatir el 3-5-2 gerundense. Para que me entiendan mejor, es una inocentada plantar cara a un conjunto armado con tres centrales y dos carrileros diferenciados con un planteamiento en el que las ayudas de los interiores a los laterales son inexistentes y las bandas lucen desnudez.
Pim, pam, pum. Un, dos, tres... ¡responda otra vez! La sin razón, el sin sentido, la figura de unos jugadores que vagan sin alma, el desorden, el desconcierto, la falta de actitud, de fe, de carácter... Sin duda, la gravedad de las respuestas cavan hondo.
El desaguisado es de campeonato de pesos pesados. El Arga nos cubre la coronilla. El pozo sin fondo se alarga. Las piedras de sus paredes no ayudan y poco a poco el tortazo es más palpable. El equipo de nuestros amores nos parte el corazón. El cariño de los rojillos a un escudo es tan claro como la inexistencia e ineptitud de la actual plantilla. No hay entrenador que levante esta amargura. Y la amargura, ¡amargura es con ganas!
La oscuridad más puntiaguda y desbordante no quiso divorciarse en Girona. Los azotes y las astillas nos ahogan. Tengan algo claro, no estamos para competir. ¿Cómo? ¡Pero si estamos en la jornada 36! Ya. ¿Culpables? Demasiados.
Señores rojillos, yo nací siendo de Osasuna y ni me borré, ni me borro, ni me borraré. Osasuna es sentimiento compartido y el acompañante de una fiel y valiente afición. Osasuna, su escudo y nada más, nos necesita. ¡Por él! ¡Por Osasuna! ¡Por nosotros! Eso sí, agárrense que vienen turbulencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario