lunes, 18 de septiembre de 2017

Cambio de tiempo

Mirando a la Copa como las agrupaciones de pájaros miran al horizonte en busca de mejor tiempo. Parece ser que Osasuna introduce correctamente la marcha y cambia de tiempo. No fue coincidencia que en Vallecas se ganara de una forma y que el pásado sábado se ganara de otra. Diego tiene todo lo que hay que tener para poder hacer lo que le plazca, y la gran virtud es de Braulio y Cata. Nada que achacar a la planificación deportiva y, sí, lo digo ahora, antes de cualquier tempestad. Tened claro que las bisagras se torcerán en un momento dado porque la Segunda División es tan dura que tres goles a favor y solo uno en contra en cinco partidos te coloca quinto -caso del Alcorcón- o un equipo hecho y derecho como es el Sporting de Gijón pierda por tres goles a cero en Los Pajaritos. En definitiva, la Segunda División es una categoría que sufre más un cambio de sistema para la resolución de un partido que un cambio hombre por hombre.

Osasuna empezó como ya nadie se acordaba. Hacía tiempo que no veíamos un equipo tan compacto y tan decidido a marcar gol como el pásado sábado. El Almería tenía peligro por dentro en forma de recuperación y potencia. Cualquier córner mal ejecutado o cualquier jugada mal trenzada de Osasuna iba a terminar en posesión y posible contraataque del rival. No obstante, a pesar del gol, el Almería no tuvo ni opción ni derecho a los puntos. En Segunda División es imposible ser protagonista en todas las facetas del juego, pero hay que conocer cómo funciona. Fue la primera vez de la temporada en la que se vio clara la intención de llevar la iniciativa de la que tanto acostumbra a nombrar Diego. El cambio del doble pivote con la salida de Arzura y la orfandad de Lucas me transmitió desconfianza, pero Fran Mérida dejó en El Sadar una de sus mejores versiones personales -demasiado atrevimiento en la conducción para romper las líneas de presión internas del rival-.

Quique revolucionó el partido, al igual que Miguel de las Cuevas que engañó a los rivales para liberar a sus compañeros. Ahí apareció la importancia del dibujo táctico, único e independiente mandatario de la gran tarde de Osasuna. Los tres centrales y los dos carrileros -Sebas y Clerc- dieron mayor seguridad defensiva y anularon por completo el peso interno del rival, su principal fuerte. Respecto al ser o querer ser de Osasuna al que doy muchas vueltas, nuevamente Roberto Torres se queda fuera de la dinámica, al menos, ofensiva del equipo. Otra vez es el de Arre el que termina prácticamente al descanso en el banquillo por una aportación insípida en un 4-4-2 que a la larga le puede causar indefensión. No digo que se le busque un sistema apropiado para él, pero sí tratar de llegar a un punto en común. Sin embargo, su salida fue positiva para el equipo y ese punto en común puede ser derribado por el "caso Quique" un delantero centro que se ha acoplado a caer a banda y centrar como nadie -de su fuerte y buen centro llegó el segundo gol-.

Señores rojillos, hoy en día, el debate radica en lo que Osasuna quiere ser, es o debe ser. El equipo debe definirse a sí mismo. La identidad de este equipo no está del todo clara, si es un equipo que quiere tener la iniciativa en todas las facetas del juego -prácticamente imposible en Segunda- o si quiere jugar a la espera, es decir, al fallo del rival. Ante el Albacete y ante el Almería, Diego optó por llevar la iniciativa, pero fue una opción obligatoria. Sin embargo, ante el Rayo Vallecano esperó al rival y, tal vez, por eso jugó con un doble pivote más sólido y con mayor ocupación espacial. En los partidos que Osasuna llevó la iniciativa encajó gol y en el que esperó al rival, no encajó. Siendo realista, ocho puntos que nos colocan sextos y nos manda en avión a Cádiz y Reus.



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