jueves, 27 de abril de 2017

Un buque que quiso ser trasatlántico

Tras dos junios veraniegos, se asoma una ligera capa fría de nuevo. Ligera por menor espesor si la comparamos con la de hace dos años con un descenso a un punto de la permanencia y una bomba de relojería que nos invitaba a ver la muerte de cerca en Sabadell. La angustia se repite, a pesar de ser una crónica de un final de un sueño anunciado cuyo protagonista es un buque que quiso ser trasatlántico demasiado rápido. No obstante, Osasuna como club tiene viabilidad suficiente como para no jugársela por la cuerda floja y en el ámbito deportivo, nos guste o nos disguste, el bloque está asegurado. Pocas horas para conocer quién será el constructor del nuevo buque, y unas pocas más, o quién sabe, para dibujar la primera caricatura de nuestro nuevo capitán. ¿Y los tripulantes? Ya se verá qué ocurre con ellos, pero los viajeros nos merecemos una compensación férrea  y un trato digno para una afición que no falla. Sí, lo que oyen, aquí están los que no fallan y para marcar un gol por nosotros las distintas faenas deberán realizarse con conocimiento de causa. Las consecuencias han sido las que han sido y este naufragio humillante no puede volver a repetirse.


Como todo trasatlántico que fue buque, necesita de los pilares que le hicieron aumentar de categoría y es aquí donde Osasuna ha pecado de inocente, no de principiante porque treinta y siete temporadas en Primera nos avalan. La herramienta "compenetración" podría ser la que ha faltado y que tal vez Enrique Martín Monreal hubiera conseguido implementar con un poco más de tiempo. Todos a posteriori somos muy sabios, pero el más claro ejemplo de no renunciar a tu buque antiguo es el del equipo que marca la permanencia y que presumiblemente se salvará, el Leganés de Asier Garitano. Una temporada pepinera pésima con la suerte de que "lo normal" no se ha dado ya que tres buques sin rumbo han naufragado sin apenas emoción. La táctica ha influido porque la compenetración no ha existido, y tal vez hubiera aparecido con tres o cuatro ideas lógicas, un centro del campo más poblado, ayudas defensivas obligatorias, un once más o menos definido y un sistema trabajado. La utilización de treinta y cinco jugadores revoluciona las decisiones y la falta de actitud en muchos jugadores puede haberse dado por estos factores y no porque no quisieran. La historia es bien sencilla y la calculadora casi no ha tenido que encenderse. Osasuna ha estado de visita, pero yo no lo considero como una agonía sino como una lección para la próxima temporada y las siguientes: jamás hay que renunciar a tu filosofía si verdaderamente crees en ella y la das a conocer como valor de club. 

Señores rojillos, el cuento de hadas que comenzó en Llagostera con Pučko, siguió en Oviedo con un 0-5 y concluyó con un récord histórico de victorias en Tarragona y Girona nos deja una moraleja. Una moraleja con una hoja en blanco que debemos rellenar siendo fieles a nuestra historia, nuestra filosofía y nuestra idea de club -la que damos a conocer y que muchas veces hemos cumplido-. La historia no se para aquí, sino que debemos ponerla en marcha de nuevo para poder volver a escribir un nuevo cuento. No tenemos que perder la cabeza, pero esto no significa que no debamos intentar regresar al lugar en el que merecemos estar: Primera División. Hoy y siempre, donde no nos lleven los piernas, que nos lleve el corazón. Un corazón que nunca caminará solo y que en el infierno jamás se quedará solo. Osasuna alé, marca un gol por esta grada, aquí están los que no fallan, llévame a Primera otra vez. Volveremos.


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