Un rugido teñido de rojo se escuchaba. El contorno del autobús de Osasuna se divisaba, y con él más de un centenar de moteros rojillos daban el toque especial a una tarde de vida o muerte para el osasunismo. Un aire fresco se revolvía entre los recovecos de El Sadar. El tono, la forma, la unión, el cántico o el aplauso recordaban a las pasadas tardes domingueras de gloria.
Esta temporada a Osasuna le está pasando todo lo malo que le puede pasar a un club de fútbol y lo de ayer no fue una casualidad. Aún me pregunto cómo es posible que un señor, cuya función sea la de impartir justicia, expulse a un jugador al cuarto de hora de partido y mantenga una actitud altiva y de desprecio hacia un equipo. Nunca he hablado del árbitro pero lo del excelentísimo Valentín Pizarro clama al cielo.
Todo lo que ocurrió tiene un olor fuerte, uno de esos olores que se te meten en la nariz y hasta en la mente. ¿Estaba premeditado? Los arbitrajes incoherentes que emparanoyan hasta al más imparcial en contra de Osasuna son incontables.
En situaciones de vida o muerte el agua al cuello no está mansa ya que hierve con bravura y Valentín Pizarro, o quién sabe quién, no lo supo entender. En estos partidos no sólo un equipo juega, juega un escudo, una afición, una historia, una ciudad y una comunidad, y este señor vino a lo que vino. Sin darle más vueltas, cuestión de no querer ver.
Pero aquí lo bonito, lo importante verdaderamente, es el equipo. La mejoría es notoria y gran parte de culpa tienen el baluarte Sisi y la ambulancia Nino. ¿Con once hubiéramos ganado? No tengo ninguna duda de que el luminoso habría marcado otros números y que los tres ansiados puntos estarían en nuestro haber.
Ante la adversidad, Osasuna se creció y mareó a un Numancia que vino a pasar la tarde y aprovechó la única que tuvo. Nikola supo imprimir carácter desde atrás y tanto la banda de Oier como la de Javier fueron dimensionales. Raoul Loé y Nekounam mantuvieron con poso la galleta. Una galleta glaseada por un protagonista con nervio, corazón y desequilibrio. Y señores, miren por donde, se llama Sisi y no es navarro. ¿Y qué me dicen de la sirena rabiosa de la ambulancia? ¡Habemus gol!
Señores rojillos, cuestión de no querer ver. Ante lo negativo, Osasuna se creció y como dice Roberto Torres "cuando no te dejan ganar, poco se puede hacer". Próxima parada, Ponferrada.
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