sábado, 1 de octubre de 2016

Condenados

Cambio, se necesita cambio. Cuando las piezas encajan, no hay necesidad de desencajarlas. Pero, cuando el despropósito es mayúsculo y la incoherencia es reincidente, algo hay que cambiar. Yo quiero tener el gusto de sufrir con mi Osasuna, pero los tres puntos de veintiún posibles me lo están arrancando. Yo no quiero quedarme helado en diciembre con algo que desconozco y, para evitarlo, no vale con ocultar lo que no se está realizando adecuadamente.

El problema radica en que el concepto para defender, a mi modo de ver, no ha de ser similar a jugar con más de cuatro defensas y negar la creación. Lo que está claro, es que Osasuna regaló el balón durante todo el partido y sólo le valió durante la primera parte. Sergio León también se brindaba a ayudar y el 5-4-1 era válido con alguien como él cordobés que marcara diferencias arriba. La disimilitud con la segunda parte fue demoledora ante la incapacidad de realizar cambios lógicos, al margen de las lesiones.

Los excesivos metros concedidos y la ausencia de robos de balón a Roque y Vicente aupó a Quique Setién dando entrada a Castellano y Momo para ganar en profundidad. El asedio a las espaldas de Osasuna fue clave para incrementar un complejo de inferioridad difícil de creer con un 2-0 a favor. Desde el principio, no entendí la presencia de Álex Berenguer en el carril derecho y no la de Aitor Buñuel, aún menos su desconvocatoria. La segunda parte con todo el campo regalado puso en evidencia este fallo y no se corrigió.


Los fallos se sucedían y el disparate estalló con la "no salida de Miguel de las Cuevas", un jugador muy mermado físicamente y que concedía más y más metros al centro del campo de Las Palmas. En resumidas cuentas, si Fuentes no podía seguir, Tano podría haber entrado por Fuentes -no es su posición, pero había que cortar esa hemorragia-, Aitor, desconvocado, por Álex y Jaime u Olavide por Miguel. ¿Sergio lesionado? Complicado. Como ven, los fallos del inicio lastran hasta el final, y el doble cambio hubiera podido sujetar a los canarios. Utopía, pero jamás lo que se hizo. No hay justificación y la segunda parte fue un auténtico suicidio de un partido encaminado. Ya vale de decir que somos novatos y conejos, hay cuestiones más básicas que eso.

Señores rojillos, sinceramente, no sé qué más escribir, porque la historia se repite jornada tras jornada y Oier y Fausto no son súperhéroes, son jugadores de fútbol. Podrás perder, podrás ganar o podrás empatar, pero jamás podrás dejar que te echen de tu casa aguantando la puerta con solo corazón y ningún criterio. No obstante, yo creo. Recupérate, míster. Próxima parada, Ipurúa.

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