Tras desolaciones profundas, irritantes cabreos y puntiagudas decepciones una copa de rosado de la Ribera no viene mal para hacer hueco al champán navideño, el champán del respiro y de la tranquilidad, pero que, además, debe ser el de la continuidad. Un intervalo de reflexión concentrada para comenzar la remontada, y como en toda Nochebuena los ingredientes para la cena y la declaración de intenciones para el amigo invisible -para los más grandes-, va en primer lugar. Así pues, digamos las cosas como son. Osasuna hizo la noche buena y se dislumbraron ráfagas de luz de equipo entre la oscuridad de los siete puntos, las inoportunas lesiones de Miguel, Javier y Digard, la insensatez y la falta de amor propio. Se vio una lágrima en la copa que indicaba que el vino estaba vivo.
Sensación de equipo, no por el resultado, sino por las actuaciones individuales que mejoraron al colectivo, porque en el fútbol si cada uno no gana sus duelos particulares, el equipo se descarrila, pero parece que esta vez los renos no se salieron de la senda del trineo. Tenemos portero, y tiene pelo. Tenemos un lateral derecho soberbio y que nos da pie a no alinear a centrales o a jugadores polivalentes que "despolivalean" en esa posición. Tenemos un capitán descubierto por Joaquín Caparrós, Iván Márquez, capaz en tres partidos de hacerse con la línea defensiva huérfana de Osasuna y marcar los tiempos desde atrás. Tenemos centro del campo con una media hora de Fran Mérida que la hubiera firmado el mejor Mikel Merino con dos pases verticales al pie, terminando uno de ellos en penalty a favor. ¿Y qué decir de Causic? Mejor en los pases y en la orientación que en lo táctico, pero más que correcto sobre el verde y nos concedió lo que tantos pedíamos en tantas ocasiones, ir a eso que llaman "bulto". No obstante, como acabo de dejar entrever, el espacio libre en esa zona sigue siendo patente y ojalá San Fermín quiera hacernos un regalo con lazo alemán para corregir un problema que ya vimos con Jan Urban, pero que se solucionó durante dos partidos hace dos temporadas como en Huelva y en Las Palmas. Tenemos bandas porque a diferencia que en Riazor, Álex Berenguer asentó la cabeza y fue incisivo hasta decir basta. Y la pasta trufada del "Pasta e Basta" la puso Jaime Romero con un golazo intencionado y un toque explosivo. Tenemos mucho, sólo hay que soltar los cabos del miedo y de la amargura.
Pero sí, señores rojillos, a Pamplona han de venir, y si la agresividad de la segunda parte mezclada con la regularidad demostrada se mantienen, más de uno se va a quedar sin media y sin calcetín. Osasuna tiene mucho qué defender y correr para que le desahucien y le denoten por "muerto irresucitable". Llamadme loco, pero la mejoría vista ayer en forma de corazón, amor propio y alguna que otra jugada bien entrelazada invitan a que ustedes me llamen optimista. La salvación agónica no debe esperar, ha de arrancar ahora y con este 2-0 en Copa del Rey el "volvemos" se entona y el "se puede" ya ha vuelto. ¡Aúpa Osasuna y feliz Navidad!

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