Así como el tiempo no concordaba demasiado con el mes de mayo, ayer, la primera parte de Osasuna no concordó ni en exceso, ni en defecto con un planteamiento acertado, pero con un "pero huracanado". Debimos tener claro que el Numancia era un equipo del todo a la nada y de la nada al todo, un equipo hecho para tocar el balón y derecho a crear peligro sin demasiado qué pensar.
El principal error de la primera parte fue que nos dejamos demasiadas ventanas abiertas y debimos prever que sin oposición en el medio y sin una buena ocupación racional sobre el verde, el viento se nos iba a colar por el medio. Y así fue. Iñigo Pérez, Antonio Martinez y Pablo Valcarce supieron moverse entre la orfandad de Mikel Merino, y la presión de Oier y Torres fue tan frágil que hasta Medina, un defensa, subió más de la cuenta para introducir un pase interior para que Osasuna sufriera la segunda ráfaga. Una ráfaga que fue transformándose en vendaval a pesar del tempranero gol de Mikel Merino.
El 4-1-4-1 hizo aguas por la razón ya citada, y el movimiento natural debería haber sido, a mi modo de ver, el retraso de Oier de la mediapunta al doble pivote con el fin de frenar a los chubascos sorianos e impedir que David García sufriera un mal de columna vertebral. Tras el paso a un 4-4-2 con la entrada de Urko Vera, Osasuna mejoró, pero no por el Barakaldo. Oier pasó al lateral y Torres retrasó su posición dando oxígeno a Merino y anulando la media numantina. El ambiente comenzó a calentarse y los nubarrones se cobijaron bajo las varillas del paragüas rojillo.
Roberto Torres empezó a entrar desde atrás incomodando en más de una ocasión a Callens por velocidad. La ceguera por culpa del sol se manifestó en forma de un grandioso Miguel de las Cuevas que jugó con total libertad y no encerrado en la posición específica de extremo. David y Miguel Flaño crecieron gracias a dos líneas de cuatro muy compenetradas. Osasuna se convirtió en tornado y se intuyó la posibilidad de la remontada. La presión de De las Cuevas, Nino y Torres, y las continuas llegadas en dos pases provocaron una serie de saques de esquina y centros laterales que olían a noche de verano. ¡Pim, pam, pum! ¡Y a Tarragona!
Señores rojillos, llévame a Primera, otra vez. El tiempo está loco, como nosotros. Sí, señores, estamos locos de la cabeza. Sufriendo se disfruta más, ¿no? De terminar la jornada fuera de playoff a estar a cuatro puntos del ascenso directo con nueve puntos en juego y con un Oviedo-Leganés la próxima jornada. Calculen ustedes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario